"En la vida de cada uno de nosotros, a diario tenemos que tomar cientos de decisiones y no existen buenas o malas. Simplemente cada una de las elecciones crea otra vida, otro mundo único. Pero cada vida merece vivir, cada camino debe ser atravesado. Porque cada una de nuestras otras vidas es correcta. Todas tienen el mismo sentido. Todo en el mundo podría ser diferente, pero puede tener el mismo sentido"
-Nemo, Mr. Nobody-
Podría, sin lugar a dudas, comenzar con la típica frase trillada de "Decidir es siempre complicado, se deben analizar con cuidado los pros y contras de cada una de las opciones para escoger bien". Pero, lo cierto es que no. Sea complejo o no, decidir depende de cada uno y del valor que le atribuyamos a dicha elección. Una lista de quince desventajas se puede ver disminuida hasta los cimientos en contraposición a otra de dos ventajas. ¿Por qué? Tal vez porque aquellas dos pequeñas ventajas nos importan más que las primeras quince. ¿Y acaso eso está mal? ¿Cometimos un error? ¿No se supone que deberíamos elegir la que nos beneficia más? Sin poseer grandes conocimientos en Matemáticas, el número quince es enormemente mayor que el dos. ¿Entonces? ¿Qué determina la conveniencia en la toma de decisiones? ¿La cantidad de mejorías y pérdidas? ¿O la preferencia que le tengamos a cualquiera de las alternativas? Puede que ninguna.
Puede hasta que ninguna nos parezca atractiva o menos espantosa y por ello detestemos a ambas. Decidamos, a continuación, dejar la elección al azar. Tomemos una moneda y, tras lanzarla y girar en el aire, la fortuna consiga un partido al que apoyar. Cae. Choca contra el suelo. Decreto firmado. Futuro seleccionado. ¿Fue difícil, por tanto, decidir en ese caso? No, le regalamos las escrituras del destino a la suerte y ella actuó por nosotros. Sencillo. No obstante, nada queda definido en el acto de escoger. ¿Por qué lo hicimos? ¿Cómo? ¿Qué tipo de razones se ocultan tras cada piedra que pavimenta nuestro camino? ¿Es un misterio o conlleva una lógica escrita? Aquella clase de cuestionamientos nos plantea la película "Mr. Nobody". Una joya escondida entre millones de películas de mediana talla. Una explosión de dudas y, por supuesto, más dudas de las que necesitamos en el día a día.
La trama comienza con Nemo, Mr. Nobody, el último anciano de la Tierra. En un mundo donde la gente es cuasi-inmortal, él resulta ser la atracción principal más mortal pronta a morir con 118 años. ¿Quién era aquél hombre? ¿Por qué no se sabía nada de él? ¿Por qué ni siquiera él sabía quién era? Dichas respuestas las planeaba hallar un joven periodista al conseguir una preciada entrevista con él y su confusa explicación de la vida que llevó. O vidas. Si es que era capaz de comprender cuál, de entre todas las que describió, era la verdadera. "Todas" diría Nemo.
"No lo entiendo, a los nueve años, ¿se quedó o no con su padre? ¿O se fue a la gran ciudad con su madre? No pudo realizar ambas" le contradijo el reportero y, yo también.
Si hablamos de tomar decisiones, se sobreentiende por detrás una línea temporal uni-direccional. Una vez tomada la elección, el tiempo transcurre en base a eso, incluyendo los buenos y malos resultados, y no se revierte con el objetivo de probar suerte viviendo con el padre restante. ¿O sí? Pues, de alguna forma Nemo lo hizo. ¿O será que jamás se decidió por una? ¿Que cuando estuvo en aquella estación de tren, ubicado entre su madre y padre, observando como la máquina avanzaba y se alejaba con la mujer que le dio a luz adentro, no fue capaz de seleccionar uno de entre los dos drásticos senderos que le proponían? Y si aquel fuera el caso, ¿por qué sucedió? ¿Qué motivos hubo para que se detuviera un instante a mirarlos a ambos sin poder elegir mientras que los minutos corrían a su alrededor? Sencillo, se hallaba previsualizando las posibles vidas que le esperaban con cada uno. Explicado con sus palabras, él ya lo sabía todo.
"Puedo recordar un tiempo muy lejano. Antes de mi nacimiento. Estaba esperando con esos quiénes no habían nacido aún. Cuando no hemos nacido aún, lo sabemos todo. Todo lo que pasará. Cuando es tu turno, los ángeles del olvido ponen un dedo en tu boca. Eso te deja una marca en los labios. Eso significa que has olvidado todo. Pero los ángeles se olvidaron de mi"
El ángel que tuvo que marcar a Nemo no lo hizo y, en tanto, Mr. Nobody sabe cuáles serán sus destinos. Se debe a ello, por lo que le cuesta tanto tomar una decisión. ¿Cuál de sus futuros le será más llevadero? ¿Cuál favorecerá en
abundancia a su conveniencia? ¿Ese donde se case con Anna? ¿Élise? ¿O Jeanne? ¿Aquel en que críe a dos hijos o a ninguno? ¿Y qué otras alternativas más podría atravesar? ¿Viviría feliz? ¿Amargado y solo tras la muerte de una de ellas? ¿Enviaría la carta de amor? ¿Su esposa lo abandonaría o explotaría, apenas casarse, por ir conduciendo tras un camión que perdía combustible?
¿Moriría él mismo en un accidente de coche, de moto o asesinado en una bañera? ¿Escribiría la historia sobre Marte o viajaría a Marte y fallecería a causa de una colisión con un meteorito?
De todas formas, no lo sabía con certeza. Eran todas posibilidades que aguardaban a las elecciones que considerara. Y como no lo hizo con ninguna, como no pudo escoger con qué padre quedarse, las apariciones del Nemo anciano y el periodista que le acompaña en su lecho de muerte, se convirtieron en parte de la imaginación del niño. La idea de verse viejo y siendo entrevistado no era más que otro final probable. El resultado de la suma de todas las vidas que le correspondía transitar en algún momento y, las cuales, culminaban en un mismo punto de quiebre, muriendo de anciano. Es decir, que hasta ahora podríamos creer que nada de lo que el film nos ha contado es cierto, pues la mayoría sucede dentro de la cabeza del joven chico. No obstante, Nemo sí vivió, en carne y hueso, cada una de sus vidas. ¿Cómo es posible, entonces?
Para contestar aquello, recurro a uno de los postulados de la física moderna: el Big Crunch. Según lo que conocemos hasta la fecha, el universo se está expandiendo a consecuencia de aquella explosión inicial que fue denominada como Big Bang. Aunque existe la creencia de un "límite de expansión" entrando, así, en una fase de contracción. Al llegar al tope, reducirá tamaño hasta alcanzar su forma original. A ese achicamiento, se le llama Big Crunch y constituye la herramienta que le permite a Nemo elegir de nuevo. A lo largo del final de la película, el universo choca contra su límite de expansión y se contrae, por eso vemos al protagonista, quien conoce sus futuros potenciales, moverse hacia atrás, resucitar tras haber muerto, el tiempo perdiendo minutos en lugar de ganarlos, escogiendo un nuevo camino con nuevas opciones esta vez. Se vuelve consciente de todo lo que ha vivido infinitas veces como consecuencia del Big Bang (nacimiento) y del consiguiente Big Crunch (decrecimiento).
Por consiguiente, el eterno viaje de ida y vuelta que vive Nemo, muriendo y retornando a la vida incontables veces, le provee la chance de experimentar cada una de sus opciones, de sufrirlas en carne propia. Aún cuando las conozca de principio a fin, debido al conocimiento extra que le regalaron por error los ángeles del olvido. Se libera, en el film, una confrontación inacabable entre el destino y las posibilidades. Habiendo visitado todos los caminos, ¿cuál es el correcto para él? ¿Con cuál decide quedarse eventualmente? ¿Prefiere uno más que los demás o son todos iguales? ¿O seguirá cambiando de sendero hasta la eternidad? Es notable la enseñanza que la película nos deja respecto a ese tema.
"No podemos volver atrás, por eso cuesta elegir. Mientras no elijas, todo sigue siendo posible"
Nemo piensa su existencia como una serie de cartas que la vida le brinda, pero es él quien debe jugar con ellas, quien debe poner a prueba su capacidad humana de tomar una decisión y cargar con ella. Con este hecho relaciono el aspecto de la identidad. ¿Qué nos hace ser humanos? No es el espejo en el que nos miramos, no son los dedos que estoy observando al teclear esto. Tampoco es la misteriosa peca que tenía en la espalda y que tanto me gustaba. Lo que nos hace ser lo que somos son nuestros actos. Nuestras decisiones y las consecuencias que devienen de esas elecciones. De la mano de esto, surge el "efecto mariposa", muy brevemente, en la película. En su obstinación por no elegir una de las dos alternativas provistas, quedarse con su padre o irse con su madre, toma una vía alterna.
Confiando en lo que suelen decir por ahí sobre aquel fenómeno: "El batir de las alas de una mariposa puede provocar un huracán en otra parte del mundo", opta por correr al bosque y agarrar una hoja de otoño. La sopla en dirección al cielo, esperando con ello el milagro necesario que le permita finalizar, al menos, una de sus posibles vidas de la mejor manera y pueda escogerla. El volar de una hoja seca cuando es pequeño, se transforma en una brisa invernal que lo despierta a tiempo para reencontrarse con la joven que ama ya en la adultez. En otras palabras, una pequeña modificación en la velocidad de viaje de una hoja, produce una elección instantánea en él y lo transforma en quien luego es.
Es por eso, que considero que sí se decidió por una, por la chica que realmente quiso, por la vida que más disfrutó y en la que estuvo mayormente feliz. Tanto así que, a partir de la mujer que elige, las muertes de anciano y retornos inminentes que le siguen los acepta con alegría y un nombre pegado a sus labios. El de ella.
Sin embargo, me sigo cuestionando algo... ¿Cómo fue capaz de escoger a una en particular? ¿Con qué motivos lo hizo? Si ella también le conllevó tanto dolor y sufrimiento como las otras, si con ella, además, se vio separado de sus alegrías durante años, si con ella murió de igual forma que con las otras. Bien, es el enigma de decidir. ¿Por qué elegimos lo que elegimos, aún cuando las opciones son tan parecidamente distintas y son todas idealmente correctas? ¿Qué nos hace decidirnos por B y no por C? ¿Qué tiene B para ser más especial que A, cuando ambas son letras del abecedario y la segunda precede a la primera? ¿Es cuestión de gusto, descarte, azar, destino, una partida de dados malhecha del universo?
Sea lo que sea, no pretendo averiguarlo. No tengo la necesidad ni el deseo de conocer a profundidad todos los secretos del universo y su funcionamiento. Para eso son, secretos, detalles ocultos que no vemos, o bien vemos y no comprendemos, que actúan como cilindros, válvulas, pistones y piezas de motor en el acto de arrancar el automóvil existencial que genera la vida como la conocemos. Son como ese tipo de cosas de las que, a veces, es mejor no saber. Facilita la sobrevivencia, nos protege de descubrir características que puedan arruinarnos tanto física como psicológicamente. En ocasiones, la ignorancia es el modo más inteligente de vivir.
Por ello, sin intenciones de querer responder a ningún interrogante milenario o de proponer nuevas teorías científicas sobre la toma de decisiones, prefiero jugar con ellas. Utilizarlas de inspiración. Crear una realidad en la que las mismas personas tomen diferentes decisiones en diversos universos y así, sus mundos sean completamente distintos. Por ejemplo, ¿qué sería de los hijos de una anticuada pareja que se conoció estudiando en la universidad, a diferencia, de que en realidad fueran vampiros y hubieran optado por tener su primer encuentro romántico en un bar? Y si uno de esos amores fuera lo suficientemente problemático como para abandonar a la suerte a una de sus hijas, ¿cómo le afectaría aquello a sus relaciones personales? ¿Y si fuera al revés, como en el film? Y si los niños, después de haberles borrado la memoria, tuvieran que escoger a sus padres y tres, justo, eligieran a la misma madre mientras que en otros universos buscaran a progenitoras distintas, ¿en cuánto variaría su crianza? ¿Cómo se desarrollaría, entonces, la historia de esos tres hermanos?
Es lo que descubrirán en los capítulos siguientes del presente blog. Diecisiete relatos narrando las aventuras de tres jóvenes, hermanos en un universo y desconocidos en otros, con una habilidad muy especial. Son capaces de conocer a sus otras versiones creadas a base de una selección de alternativas diferentes. Es decir que, en vez de recordar y soñar todo como Nemo, pueden visitar personalmente a sus otros "yo" esparcidos por el Multiverso. ¿Y qué clase de magia es esa pues, en la realidad, no existe? Una magia muy loca, diría ¿o no? Tal vez. Tal vez no. Si ya implica un misterio la tarea de decidirnos por algo, por tanto, no sería un enigma muy descabellado la idea de que todas las opciones posibles, tomadas o no, cobren vida en universos paralelos y uno pueda deleitarse en observar las consecuencias que ello habría tenido. Es más, lo pienso como una actividad súper entretenida ya sea de leerla, escribirla o vivirla. Aunque luego lo verán...
Ya sin más para decir, con demasiados spoilers e información de más, finalizo con la "pre-explicación" a los cuentos que siguen a continuación y a su debido motivo. Un juego de mesa para adultos, donde las decisiones son más que números en los dados y el tablero comprende una infinidad de universos. Una travesía con diecisiete paradas en las que detenerse y disfrutar. Un conjunto de relatos narrados en invierno.
Y, para terminar, una frase de Nemo Nobody en la que reflexionar.
"Antes era incapaz de hacer una elección porque no sabía qué iba a pasar. Ahora que sabe lo que va a pasar, es incapaz de hacer una elección"



