1,8) Relatos fallecidos 2: Demasiado jóvenes

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—¡Yujuuuu...! ¡Segundo relato! Qué emoSión más SeSeoSa que tengo —aplaudí sin realmente chocar mis palmas, sólo aplastando el aire existente entre ellas, por miedo a que el ruido despertara a alguien. Aunque, con todo lo que se había charlado y gritado hasta el momento, no había argumento posible que me prohibiera hacer ruido si sabía por adelantado que nadie se daría cuenta de ello—. Ya quiero saber. ¡¡Ya!! ¿Qué viene a continuación? 


<<Previo a la historia, considero apropiado brindarte ciertas explicaciones sobre el modo en que abordamos a nuestras copias y la manera en que conocemos su historial de vida. Ya que, con la acortada síntesis que mi hermana te dio, aquella de "Nos dirigimos a las zonas donde se ubican las copias y allí, donde, cuando y con quien estén lo observamos todo. Pero no constituye más que un fragmento, unos minutos, un par de días, algunos años de los que tomamos nota y abandonamos"no lograrás comprender con claridad cómo fue que yo pude obtener la narración oculta tras la mente de Micaela.


  Como podrás haber notado a lo largo de la corta lista de cuentos que llevas relatados, es que, en todos ellos, los acontecimientos fueron expresados en voz alta. Estuvieran dirigidos a parientes, un público de personas y/o muñecos u la dueña de un gato parlante; siempre existió un narrador. O sino, eran observados de primera mano, con imágenes y párrafos escritos. Sin embargo, en estos instantes, traigo cierto tipo de eventos sobrenaturales no visibles para cualquier par de ojos curiosos. Únicamente los elegidos son capaces de ver los sucesos. Y yo, claramente, no había sido admitida en aquella convención fantasmal>>


—¿Entonces?


<<Por tanto, tuve que volverme parte de la persona cuya imaginación creaba dichas alucinaciones. Es decir, ingresar dentro de su cuerpo, su alma, y habitarlo. Conocer, nutrirme de lo que visualizaba. Entenderla, sin necesidad de formular palabras o de oírla modular sus verdades a través de frases corrientes. Vivir el tiempo necesario en el interior de sus pensamientos para, con ello, descifrar los traumas y miedos que la perseguían, su causa, las consecuencias que provocaban en su comportamiento>>


—Ajá. Muy bonito todo pero, ¿cómo lo hiciste?


<<Nosotros, tras viajar por los universos y hallar a la copia que estábamos buscando, en el minuto exacto en que salimos de nuestra nave multi-espacial y gracias al especializado desarrollo celular que poseemos de naturaleza, ponemos en práctica lo que llamamos el "Proceso de invisibilización". Sucede que, nuestro organismo, al estar predestinado a las travesías interestelares desde antes de su concepción, nació con algunas modificaciones propias que le facilitarían a futuro su trabajo. 


  Una de ellas, fue la habilidad de desmaterializar cuanta densidad predomine en el cuerpo físico, convirtiéndose en un polvo traspasable al tacto. En otras palabras, la piel, los órganos, huesos, músculos, pierden la fortaleza y sensibilidad que los define. Cualquier objeto o persona que intente chocar con ellos e, incluso, acariciarlos, termina entregándose al otro lado al no tener ninguna barrera tangible que lo detenga. Su consistencia es casi nula, cuya comparación ideal sería el espectro de un fantasma. Conserva la figura, los detalles, la textura pero no la pesadez. Se pasea por las casas de arriba a abajo, traspasando puertas, paredes, mesas y hasta el mismismo cuerpo humano. De idéntica forma, nos sucede a nosotros. Entramos en los hogares de nuestras copias sin el menor inconveniente, los perseguimos a donde sea que vayan y jamás hallamos impedimentos físicos de cualquier tipo. A menos que, claro, como en el caso de la niña Penélope decidamos materializarnos a voluntad para sostener su carta. Los perfectos acosadores>>


  Inevitablemente, sonreí. Sí que tenía sentido de humor. 


<<El hecho de ingresar en una atmósfera que no es la nuestra, genera que activemos el protocolo de protección para no ser descubiertos de ninguna manera. Por eso, nos transformamos en lo que ustedes llamarían "Espíritus". Seres vivientes, de latidos intactos aunque lo debidamente muertos como para no ser interceptados por la densidad de los objetos, incapaces de ser notados por los mortales e invisibles a su mirada>>


—Ah, pero no son invisibles de verdad, ¿o sí?


<<No. Si, exclusivamente, fuera su destino vernos, lo harían. No obstante, como no es el de nadie en ninguno de los universos que hemos pisado, ni un sólo hombre o mujer de allí se entera de que los hemos observado atentamente. Dado a ese pequeño detalle, es que nos hallamos habilitados a conseguir su historia de vida. Y para el caso en el que "Mirar" no sea suficiente, como el que te voy a contar en unos momentos, toca adentrarse en el alma de la persona. Poseerla, siempre y cuando se tenga como condición primordial la claridad del aura al que uno se esté enfrentando. Ya que, según los colores que predominen, la intervención puede resultar beneficiosa o no...>>


—¡Obviamente! Con este tema del aura y los chakras no se juega —me reí—. No sé si te sea útil o ni ahí, aunque la nueva generación anda toda metida en esto de mercurio retrógrado, los signos zodiacales y las energías impuras. No es de mi interés, pero puedo asegurarte que soy una experta en la materia. 


<<Me interesa oírte. He hablado demasiado>>


—Eh... bien. Lo que sí, tendrás que corregirme cuando me desvíe de la información que necesitas. ¿Ok? Como sea, el aura es una energía luminosa que rodea en forma de óvalo a todos los seres vivos. Consta de una combinación del cuerpo con la información del alma. Y está ligada a los chakras o también llamados "Siete cuerpos". De adentro hacia fuera, el primero es el cuerpo etéreo, de color rojo y refleja la salud física. Luego el cuerpo emocional, como su nombre lo indica, refleja el anaranjado estado anímico. Número tres, es el cuerpo mental y se relaciona con la consciencia. Color amarillo. El cuarto, verdoso cuerpo astral que está atado a los deseos superiores —. Algo ya más cansada, comencé a enumerar con mayor rapidez—. El quinto es el espiritual: comunicación y celeste. Número seis: celestial, sueños, azul. Y el último: divino, sabiduría, violeta —suspiré aliviada—. ¡Hasta que terminó! En fin, todos nuestros pensamientos, sentimientos y experiencias están reflejadas en el aura. Lo que me hace creer que, según lo que veas allí, es si decides entrar o no. 


<<Exacto. El séptimo chakra es la energía más puramente espiritual. Aquella fuerza que abre a la iluminación, pues completa el proceso de evolución devolviendo al universo la energía que crea nuestro ser individual. De ahí, el color morado. A su pesar, no siempre acaba de ese modo. Si los cuerpos anteriores no estuvieron capacitados para formar un ser humano equilibrado, compuesto de estabilidad, fuerza creativa, voluntad, compasión, conexión con la voz interior e intuición; la tonalidad se oscurece a negro. Al ver un aura enturbiado, puedo identificar problemas físicos o de carácter de la persona. Característica que me indica que debo alejarme o saldré contaminada por su elevada negatividad>>


—Wow... eso no lo sabía. Aún así, eso no te pasó. ¿Cierto? Porque pudiste ingresar y verlo todo. ¡Qué piola! Aunque no sé bien el método que utilizaste...


<<Sencillamente, atravesé a voluntad el cuerpo de la niña y me detuve en su interior. Sin salir de tirón. Capa tras capa de coloridos chakras fui cruzando hasta detenerme en el núcleo de su esencia. El alma misma. Me amoldé a ella, esquina con esquina, extremo con extremo y nos convertimos en una sola. Adherida a ella, los sentimientos que la componían fueron llegando en cantidades inmensas. Sus emociones, pensamientos, angustias, todo lo vivía en espíritu y conciencia. Poseía acceso ilimitado a los recuerdos, sueños, aspiraciones que la movían. La totalidad de ella. A continuación, empecé a visualizar los extraños sucesos que ella percibía, los cuales son los mismos que tú ahora conocerás. 


  Por consiguiente, ella comenzó a narrar y yo a prestar atención. El título quedó por ser: "Demasiado jóvenes"


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—Dicen por ahí que... que cerca del río vive un abracadabrante y monstruoso tiburón duende... y que, gracias a su dramática boca protrusible, es capaz de mover la mandíbula fuera de su cabeza y comerte de un bocado. ¡Así de una! Y debido a sus órganos...


—¡Ya basta Lauti! Lo digo en serio. Llevo como una hora queriendo dormirme y no puedo porque no paras de hablar... ¡¡Suficiente!!

  Poco a poco mi paciencia se había ido colmando. Sus palabras rozando, descaradamente, cada vez más el límite máximo de mi tolerancia. Lo padecí por un buen rato, forzando sin piedad a mi amabilidad y respeto. Sin embargo, la última gota se vio rebalsada por una tontería. En el momento en que empezó a inventar historias sobre criaturas marinas viviendo en aguas que no pertenecen, me sacó de quicio. Todo su relato contado con voz grave y misteriosa e imitando las tenebrosas profundidades del océano, se vio ignorado repentinamente luego de que lo reté.

—No, tienes razón. Me pasé. Perdón Mica, me pasé. Mira, yo ahora me callo y te dejo a vos que me cuentes una historia, ¿te parece? me guiñó un ojo en la oscuridad— Viste, para hacer una ida y vuelta justa. 

  Con la fastidia a flor de piel, lo observé lo más desconcertada que pude. Este chico parecía no captar ninguna de las palabras que le decía y, mucho menos, discernir que mi cansancio y agotada paciencia requerían de descanso. ¡Horas de sueño! No charlas nocturnas. Fue por eso, que roté sobre el escaso espacio del sillón y miré hacia abajo. Él me sonreía desde su lugar en el colchón apoyado en el suelo. Hablé decididamente.

Lauti, si me vine hasta el sofá del living, fue para evitar dormir con las ruidosas chicas. Por ello, supuse que vos estarías plenamente dormido y yo te imitaría. Sin embargo, es todo lo contrario. ¡Hasta un loro es más callado!

—Y bueno, Mica. Para esto son las pijamadas. Conocer gente nueva, conversar hasta el amanecer, crear nuevas amistades, son algunas de las cosas que tendrías que aspirar entre nosotros.

—Lo haremos cuando mi batería de sociabilidad se haya recargado. Buenas noches —me di la vuelta y cerré los ojos.

  El silencio duró un par de segundos. Segundos en los que caí muerta en el mundo de los sueños, del eterno descanso, de las fantasías. No obstante, su exquisita duración no fue mayor a segundos, debido a que mi compañero de habitación volvió a interrumpir.

—Decime, ¿vos crees en fantasmas?

—Ni idea. No es un tema del que esté muy informada o del que logre interesarme lo necesario. ¿Por?

—Ah, porque creí que... tal vez... te llamaría más la idea de charlar sobre esa mujer que de dormir. No sé. Como prefieras.

  Captando, finalmente, mi atención con otra de sus tonterías, roté en el sillón y le cuestioné ¿Qué mujer?

—Esa —la señaló—. La que está parada cerca de la puerta de salida, con el remerón gris y el cabello largo y revuelto.

  Era cierto, había una fémina desconocida observándonos desde allí. Su apariencia era terrorífica, con la típica piel blanca manchada de sangre que suele representar a la gente poseída de las películas. Como si fuera una versión menos espeluznante de Regan MacNeil, la niña del exorcista. Quitando eso de lado, no me hallaba segura de cuándo o cómo había surgido, ni por qué nos miraba como lo hacía, aunque tampoco me asustó como debería. En realidad, me apenó su expresión. Vacía, pálida, vidriosa. A punto de llorar.

—¿Se la ve triste o es mi impresión?

—No, yo también la noto muy melancólica. Por nosotros, principalmente.

—¿Qué hablas Lauti? Si ni nos conoce.

—No le hace falta. Ya con sólo vernos reconoce la tontera con la que cargamos, propia de la edad.

—¿Edad del pavo? consulté algo perdida en su razonamiento Aunque aquello se da a los doce, no ahora.

—No. La tontera de ser muy jóvenes y no saber que tenemos todo lo que requerimos.

—¿Todo? Que yo sepa, no soy millonaria. Así pues, hay varias cosas que me faltan. La casita de muñecas a los nueve, el vestido de princesa a los quince, el auto a los dieciocho... actualmente el dinero para pagar la universidad que quiero... ¿Ves? Podrás llamarme tonta y joven pero, como mínimo, soy consciente de mi pobreza.

—No, no Mica. No entiendes nada. No hablo de dinero ni de cosas materiales. Hablo de esto, de nosotros, de la situación, de la pijamada en la que estamos. Esto es todo lo que necesitamos, lo que queremos, lo mejor que alguna vez podremos llegar a obtener. La comodidad que sentimos, las risas que compartimos durante la tarde, el bucle de tiempo finito y alegre que creamos; son todas las razones por las que no requerimos nada extra del mundo. La felicidad no consta más que esto y todos los invitados la percibimos. ¡Somos jóvenes y felices! Deberíamos agradecer por eso, el resto no importa.

Wow... Me parece que bebiste demasiado y estás divagando en la luna porque si me preguntaras lo que realmente preciso, la respuesta sería dormir, no esto. Al diablo con esta supuesta felicidad de la que hablas.

—Entendido masculló molesto por mi respuesta y, acto seguido, tomó uno de los almohadones que reposaban en su colchón y lo arrojó sobre mi cara. Al principio, me sorprendió y creí que era una broma suya, aunque luego, la urgencia se puso seria y empezó a presionar como si quisiera asfixiarme. El oxígeno comenzó a escasear en mis pulmones, lo que me atemorizó el doble. Luché por salir, pataleé y manoteé desesperadamente, mientras que su tortuosa voz perforaba mis oídos.

—Ya va a llegar el día en que te lamentes por haber sido muy joven como para haberlo captado rugió—. Demasiado joven que desearías haberlo visto todo el tiempo. Y es allí, cuando comenzarás a lamentarte por las heridas surgidas. Empezarás a odiarte por haber cedido a la presión, por haber cortado relaciones frente a las primeras dudas respecto de la temporalidad del amor. ¡¡Ya verás!! ¡¡Lo sé!! ¡¡Lo sé!! ¡¡Lo sé!! ¡¡Lo sé!!

  Empero, sin ni siquiera incumbirme sus palabras y actuando bajo los impulsos de la supervivencia y ansiedad, me las arreglé para arañarle ferozmente los brazos y permitirle soltarme. Al retirar el cojín, abrí los ojos dispuesta a ver bien su rostro al momento de golpearlo de bronca, pero sucedió que no me encontré con el suyo. No me encontré con nada suyo directamente. Él había desaparecido. En cambio, era yo misma quien sostenía el almohadón, una versión mía mucho más anciana y arrugada. Con bolsas bajo los párpados y líneas de expresión en la frente. Su ceño estaba fruncido, furioso, los labios presionados. Seguramente se debía a las lastimaduras que le había provocado en sus flácidos brazos.

—¿Saciar el hambre o la falta de calidez? preguntó en tono malhumorado ¿Hambre? ¿Falta de calidez? ¿Falta de calidez? ¿Hambre? Dime niñita tonta, tu calidez está más que saciada, ¿para qué satisfacer los cotidianos ruidos del estómago? ¿Ah?

—Yo... yo no sé de sus delirios... ni que... que...

—Encima de niña y tonta, tartamuda se quejó—. Tal vez, por eso permitiste que se marchara toda la afectuosidad de tu vida. Vaya juventud rebosante de calidez, plena y completa, aunque insuficiente para tu gula de comida... Lo tenías todo, ¿verdad? Pero ni lo viste, obvio que no. ¡¡Que no!! ¡¡Que no!! ¡¡Que no!! —empezó a gritar cada vez más fuerte y alto, y a pegarme con el cojín cada vez más firme y rápido. La quise detener, no obstante, no pude. Simplemente paró sola, de un segundo a otro, y como en el caso anterior, se esfumó en el aire. Justo a tiempo para dejarle paso al tercer evento inesperado de la noche, donde la horripilante mujer de la esquina se acercaba a mí caminando en cuatro patas. Lágrimas rojas se derramaban por sus mejillas mientras que de su garganta se oía un susurro similar al de ultratumba, que decía lo siguiente:

  "Familia, amigos, compañía, son de las pertenencias que gozamos plenamente en los primeros años de vida. Llenos de inocencia y simplicidad, amamos sin barreras, sin muros de miedo e inseguridades. Por lo que, cada encuentro con un ser querido implicaba una explosión de felicidad y sincero cariño. Sin embargo, con los años las condiciones cambian. El afecto se vuelve mayormente distante y censurado, desinteresado, doloroso. El tiempo transcurre y se prefieren otros intereses a que los esenciales. Por consecuencia, dichos tesoros se extravían sin que la ridícula ignorancia juvenil los haya tomado en cuenta."

  Asustada por la forma en que se desplazaba, quise esquivarle y, en el intento, tropecé al bajarme del sofá y cruzar por sobre el colchón. Y exactamente cuando estaba a medio paso de caer, sin embargo, no caí. Me desperté de repente en el sillón, recostada, en posición fetal. A mi lado, en el suelo, dormía plácidamente Lauti, como si nada hubiera sucedido. A continuación, me senté derecha y revisé los alrededores. No había rastros de mi avejentada copia ni de la escalofriante mujer, no se escuchaban sus sonidos guturales y el almohadón que él había usado, se hallaba aplastado bajo su cabeza cumpliendo la función de almohada. Sumado a esto, y como si no estuviera lo suficientemente confundida con los sucesos, Lauti despierta a medias y balbucea.

—¿Qué es lo que estabas soñando? Me nombraste en varias ocasiones...

—Eh... no, nada nada mentí, más por consternación que por maldad.

—Está bien. No importa si no tienes un sueño, no es necesario soñar, solo sé feliz—. Termina y se duerme nuevamente, dejándome azorada. 

                           .........................

—No hablas en serio, ¿o sí? ¡¿Un sueño?! No mames... Alta pesadilla re contra traumática le nació. ¿Qué onda con ella? Re loquita. 

<<De hecho, no lo considero como una locura. Sus preocupaciones eran reales, razonables y, realmente, deberían ser tomadas como relevantes para toda juventud en general. Hablar del cariño que se posee o que se da por siempre garantizado; enterarse de la brevedad de las relaciones en la adultez; comprender cuan perjudiciales son las secuelas de cortar lazos por miedo, desconfianza o inseguridad; aprender a no desear comida cuando la sombra del árbol basta; entre otros, son ejemplos cruciales de cuan importante fue el sueño que Mica tuvo. Una enseñanza interna que su propio subconsciente le enseñó, unas apariciones terroríficas que la previeron de continuar anhelado el pedazo de torta mientras rebajaba a la rodaja de pan que la alimentada>>

—Mmm, sí pero no. A ver, te sigo y tienes razón, aunque me parece un poco bastante exagerado. ¡Excesivamente dramático! Trata todo como si ellos ya estuvieran muertos en vida, dado a que dejaron de estar "Llenos de inocencia y simplicidad" —imité, con gracia contenida, la gutural voz de cómo me la imaginaba que fue dentro de la mente de Micaela—. Crecieron, eso es todo. ¿O qué? ¿Acaso no sabe que madurar y cambiar de pensamiento es lo más saludable que pueda existir? Además, con toda la porquería que hay en el mundo, la inocencia es lo primero que se pierde. Incluso, los niños de cinco años de ahora vienen más podridos que los de generaciones anteriores. ¿Qué esperaba? 

<<Ello no se discute. El acto de "Cambiar" es inevitable y en aumento cuando se habla de niños tornándose en adultos. No obstante, pierdes el punto de la moraleja. No repudia el crecimiento obligatorio, natural; sino la parte en que, a medida que abandonan la inocencia, toman la decisión de reemplazarla con una gula impresionante de pertenencias materiales. Un hambre superficial, de "Ver" y "Obtener". Olvidan que uno de los aspectos de la inocencia era la búsqueda constante del calor, del afecto, del cariño, de nada más. Sin embargo, optan por omitir ese detalle como si no existiera y colocan encima otro que eligieron de pura codicia. Uno que "Otros dijeron que era importante y necesario para progresar y ser una persona exitosa". Eligen saciar el hambre, no la falta de calor. Viéndose más marcadamente esa elección a partir de la primera etapa de la adultez, apodada adolescencia, en donde todo se vuelve distante, censurado, desinteresado, doloroso>>

—¿Distante? ¿Desinteresado? Porque esas palabras son las más atroces de la historia, ¿no? Porque dejamos que dichos tesoros se extravíen sin que la ridícula ignorancia juvenil los haya tomado en cuenta. ¿Correcto? —Empecé a alterarme un poco más de lo debido. No me agradaba la constante crítica que recibían los adolescentes por cada cosa que hacían— No porque se hayan perdido, representa algo malo. Tal vez, era lo mejor que podía pasar. El destino, la vida, la mismísima gente podría haber querido que sucediera. Si uno rompe relaciones o deja de llevarse con ciertas personas, no hay por qué calificarlo como la equivocación del año. Si las cosas no funcionaban, no funcionaban. De eso, al menos, habría que alegrarse. Es preferible ser inteligente y deshacerse de las malas compañías, que seguirlas manteniendo por temor a extrañar su presencia en un futuro. ¿No crees? Entiendo que los adolescentes, a veces, nos volvemos unos idiotas descorazonados y fríos y re malditos con todos, sin embargo, en ocasiones es necesario hacer uso y abuso de aquella capacidad para alejar a los abusones con lo que convivimos desde niños. 

  Me callé. Parecía una manguera a presión, la abren un poquito y sale a matar. Fue, entonces, cuando la oí contestar. 

<<Sólo en ocasiones>>

—Sí, sólo en ocasiones —repetí despacio. Intentaba cerrar el suministro de palabras sin ser demasiado obvia Por supuesto. Ya que, está de más decir con todo el discurso que me acabo de mandar; pero el calor, el afecto y el cariño no son eternos. No van a durar para toda la vida y menos de las mismas personas. Es genial que, tras dieciocho años, comencemos a darnos cuenta de ello, actuando en su respuesta, actuando como se debe... Aunque, claro, no está bien concentrarse únicamente en el hambre de cosas, supongo. Eso. 

  "Terminando de embarrarla" pensé.

<<Sí>>

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