—¡Último relato! Y definitivo —chillé entre emocionada y nostálgica—. Y... Cliché, realmente. Hasta donde yo recuerdo hemos de terminar con la definición exacta de "Amor puro". ¿Cierto?
<<Sí>>
—Tan, pero tan de libro juvenil. Una sobrevaloración al sentimiento del amor de la mano de caballeros, demonios, reinas y dragones. ¿O no?
<<No. De hecho, no sucederá lo que esperas que pase. Aquí ya no hay parejas heterosexuales u homosexuales, ya no hay amoríos de un rato, corazones rotos ni toxicidad>>
—¿Entonces? No hay nada.
<<Incorrecto. Predomina otro tipo de amor al que no se le suele brindar demasiada importancia. El amor fraternal>>
—¿Familiar?
<<No. En este caso no me interesa conversar acerca de las uniones familiares. En cambio, cuando se hace mención al amor fraternal también se incluyen a todas aquellas personas que, aunque no sean nuestros hermanos consanguíneos, de una u otra manera los consideramos así por la relación de amistad y cariño que existe>>
—¿Amigos?
<<Sí. En mi humilde opinión, el amor que se desarrolla en las amistades es de los más puros que existen, si es que no es el único. El amor fraternal implica un conjunto de sentimientos y acciones que se dan de manera desinteresada, invita a cuidar el uno del otro y a estar atento a lo que le ocurre para prestarle la ayuda que necesite. De ahí, que fomente sentimientos tan nobles como el cariño, respeto, humildad, confianza, estima, lealtad, compasión, entre otros>>
—Bueno, depende que tan buen amigo te consigas. Oscar y Leandro eran pésimos. Pero si hallas uno como el del anterior universo, creo que tienes cartón lleno. Él sí es capaz de hacer lo que fuera por un hermano de corazón.
<<Por esas razones, la historia se desarrolla entre dos primos que fueron criados juntos y prácticamente como mejores amigos, no tanto como familia. Uno de ellos, comparte amplias características con el protagonista previo y, por consiguiente, con mi otro yo que representó a Moon Gang-tae en el primer universo>>
—¡Ay, no! —Me cubrí la cara con las manos— Ya sé a que viene esto. ¿Era lo de las almas ligadas, verdad? Tus copias buscando hallar a tu hermana y, como no lo lograban, aplicaban su historial de sufrimiento con alguien más. ¿Era eso de "Salvar a quien era mejor que él"?
<<Sí>>
—Con razón. Debí de habérmelo imaginado. Tú y tus bondadosas copias que les fascina autoflagelarse.
<<Es su esencia. Extraño como podría sonar dentro de la locura de las diversas identidades que mis copias asumieron en los diferentes universos, constantemente me veo movido por el mismo tipo de personalidad, por una similar necesidad de cuidar y proteger a muchachas desamparadas. Mis otros yo, siendo personas totalmente distintas, acudieron al rescate de chicas apartadas de la suerte del mundo y a las que el sufrimiento las acompañaba incondicionalmente>>
—¿Teresa 2.0? ¿Ko Mun-yeong 2.0?
<<Su nombre era Marina. Aunque las intenciones de él sí eran parecidas. Implementar sacrificios con tal de disponer de una merecida recompensa para el rayito de luz que era ella. Retrocediendo al universo anterior, si recuerdas a la mejor amiga, luego esposa del joven introvertido, evocarás sus cualidades como persona: Tranquila y empática, siempre de su lado y apoyándolo en cada ocasión en que el mundo se le derrumbaba, comprendiéndolo con exactitud y custodiando la ternura que lo definía, lágrimas y errores consolados. También recapacitarás acerca de la reservada y escasa vida suya que te conté, pues, al introducirme dentro del alma del muchacho, no pude conocerla a ella en profundidad. No tuve la chance de observar más de cerca sus inseguridades y necesidades. Supe determinada cantidad de sus problemas, sin embargo, nada que me indicara detalles específicos>>
—¿Nada? ¿Es que no hablaban todo el tiempo, que se entendían de maravilla?
<<Claro que lo hacían, solamente que los problemas que salían a flote no eran mayormente los de ella, sino los de él. Ella era su guardiana, la persona que lo apartaba del desastre y lo alzaba en la cima del amor propio. Jamás se interesó por exteriorizar los dramas y crisis con los que cargaba. Sin embargo, por su parte, él sí los advertía, notaba las dificultades que causaban en ella y por ello eligió lo que eligió para con su vida. De ahí, que responda a tu consulta acerca de cómo era posible que alguien le diera tanto a otros>>
—¿Cómo?
<<Una vez que estés al tanto de los eventos que transcurrieron durante toda la existencia de Teresa, vistazo que será observable en la narración de Marina, comprenderás la complejidad de la elección que él hizo, el amor y las agallas que le requirieron realizar semejante acto>>
—O sea, en conclusión, es exclusivamente posible si hay una tragedia de vida y grandes sacrificios.
<<Exacto>>
—Fantástico —murmuré irónicamente—. Banco a los primitos.
<<Por lo tanto, te relataré la vida de su querida compañera desde el punto de vista de él y cuyas verdades le obligaron a moverse, en última instancia, favoreciéndola>>
—Bien.
Sin más, lo titulé "Generación del por qué".
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Lo primero que siempre le llamó la atención fueron sus ojos. Marro-verdosos delineados con un contorno amarillento, de circulares pupilas azabache predominante, grandes, delicados, redondos con una terminación almendrada y del tipo asiático. Únicos en su tipo, incomparables con los usuales y sobresalientes de entre los renombrados hermosos. Eran muy versátiles, además, mutaban de un marrón chocolate cuando la luz era escasa a un rubio cenizo brillante en los momentos en que el sol los enfocaba de frente y sin vacilación. "Dicen que son las ventanas al alma, ¿lo sabías? Incluso son capaces de brillar ante algo que nos gusta" le había comentado en una ocasión en que Marina le desvió la mirada previo a intentar resguardar su deseo de llorar. "No creo en esas cosas". A continuación, batió sus pestañas como alas de mariposa, de arqueado natural y propio de princesas de cuento. Estas bordeaban la extensa longitud de sus párpados con trasparentes lágrimas, relucientes gotas que aportaron un brillo llamativo a sus ojos. Pronto, el agua se volvió abundante y el aire que provenía del pestañear fue insuficiente, por ello, arrastró su palma por sobre ellos limpiando los restos de llanto no liberado. "¿Quieres hablar de eso?" fue la respuesta instantánea que le surgió. "No pienso llorar en un café, mejor cambiemos de tema". Acomodó en su lugar los rebeldes mechones de pelo que le impedían ver bien e hizo un cumplido acerca de lo delicioso que era el café. Le gustaba extra dulce. "De acuerdo".
De ese modo, se resumían la mayoría de las reuniones que tenía con ella. Conversaban, reían, disfrutaban de la comida, aunque se mantenían en los alrededores de los mismos temas. Ciertos asuntos no se sacaban a relucir, o bien, se esquivaban con un "Ya veré que hacer, el tiempo lo dirá". ¡No! "El tiempo no, ¡tú lo dirás! Ten confianza en ti, yo la tengo" deseaba replicar en todos aquellos instantes, pero sabía que ella se excusaría nuevamente. "Las cosas son así, no hay mucho que yo pueda hacer para cambiarlas". Tenía razón. Frente a ello, no había argumento o mentira piadosa con la que contradecirla. Estaba en lo cierto. Su vida apestada a mierda de caballo y ninguna de las variaciones que surgieran tanto interna como externamente a ella, eran útiles al querer modificar el ambiente en el que vivía. Igual que con la traslucidez de los ojos, tampoco creía en nada que se opusiera al enunciado de "Fui meada por un elefante, todo mal conmigo". Esperanza, bienestar, sonrisas, amabilidad, alegría, nada de eso abundaba en su día a día. Nulo, inexistente desde el minuto en que nació. Familia problemática, salud complicada, adicción al auto-boicoteo, miedo a la fama de la mano con el miedo a la soledad, inseguridades anormales, nivel de inteligencia más bajo de lo normal, miseria de amistades, contaba con todas.
Su madre era una mujer fuerte e increíblemente capaz; su padre, un muchacho bien educado y proveniente de una larga generación de hombres exitosos y acostumbrados a vivir bajo estándares de vida altos económicamente. Sus hijas, en cambio, concluían la decepción frente a sus ojos. Demostraban, exactamente, lo contrario a lo que ellos hubieran esperado: dificultades en la salud, malas notas en la escuela, carácter prepotente, lloronas en exceso, vagas, incompetentes en la acto de ser responsables y adultas a temprana edad. "Mi mamá espera que yo sea igual que ella cuando era joven y no, no me da la cabeza ni el cuerpo" contaba exponiendo, en el temblor de su voz, la decepción que ello le generaba. "Siempre fue una alumna de diez, envidiosamente rápida al aprender y memorizar. Al mismo tiempo, trabajaba de mesera para, al menos, colaborar con el dinero suficiente que le permitiera a su numerosa familia alimentarse y no mendigar en las calles. Así que no disponía de gran cantidad de horas para estudiar, casi ninguna, por eso repasaba en los minutos que invertía viajando en autobús de un lado al otro. Y solamente 'repasaba lo importante' porque el resto ya se lo había asegurado de cuando prestó atención a clases y lo interiorizó. Para colmo, al ser una de las más grandes, debía llegar a su casa a cuidar a los cinco hermanos menores que la esperaban. Cocinaba, limpiaba, prácticamente los criaba y se iba a dormir. Al día siguiente, repetía la rutina sin quejarse ni rebelarse".
Era realmente inspirador oír el relato de una mujer trabajadora y valiente al sacrificar su completa libertad, para destinarla al cuidado y protección de su familia. Obsequiando hasta el último aliento en mantener sus estudios, laburo y hermanos a raya. La suma controlada, marchando firme hacia la meta de graduarse, asegurándose un futuro digno de su esfuerzo. No obstante, aquel estilo de vida no es practicable para todos. "Nunca para de recordarme cuan bajo es mi rendimiento escolar y cuan poco colaboradora soy con el dinero en casa, ya que no poseo un empleo. Y aún no termina el drama. Al finalizar la secundaria, necesitaba urgente un título universitario. Entró a la carrera más corta y rentable en ese tiempo: Maestra. Los años estimados de cursado y exámenes son cuatro y medio. Ella los hizo en cuatro. A los veintiún se hallaba dictando clases en una escuela, recibida y lista para abandonar el nido en busca de establecer sus energías en sí misma. Y aquí estoy yo... Con diecinueve, tratando de ingresar a medicina con un 98% de probabilidades de fracasar y elegir otro sueño". Para los estándares actuales, se hallaba en edad de averiguar, husmear entre todas las carreras hasta decidirse por una. No era demasiado tarde, ni demasiado mal, ni demasiado insensato. Era su año de búsqueda y encuentro. "Está bien, no debes preocuparte por eso. Tu mamá eligió a prisa porque su situación se lo demandaba. Tú tienes la posibilidad de escoger a consciencia" solía consolarla.
En cambio para las tragedias que vivía con su padre, el único consuelo que era capaz de brindarle, resultaba dolorosamente ficticio e imposible de cumplir. "Tienes toda la razón, pero sabes que yo no podría hacer nada de eso. ¿Qué hay de mis hermanas?" Y bien, se cuestionaba, dudaba y recapacitaba. Ni una idea medianamente realista cruzaba su mente. Otra vez, Marina se hallaba en lo cierto. "Las cosas son así, no hay mucho que yo pueda hacer para cambiarlas". El hecho de que sus hermanas menores fueran todavía muy pequeñas frustraba sus débiles sueños de salir de casa, de la cárcel que esta le planteaba, del traga-esperanzas y vitalidad que era ese hombre al que llamaba, obligadamente gracias a los estudios de ADN que reafirmaban su correlación sanguínea, Señor Padre. No era que le prohibieran irse, al principio sí, no obstante, si insistía le daban el "Vete entonces" instantáneamente. Sino que eran las "Destruye-ego consecuencias" que acarreaba el paso de dejar la comodidad del hogar las que la retenían a abrir sus alas de libertad. "¿Quieres irte? Bueno, dale. Pero te espero bien prontito tocando timbre, muy tarde a la noche con la cola entre las patas, buscando plata, un lugar para dormir o simplemente preguntando por el bienestar de tus hermanas. El culo no te alcanza para dejarnos y no volver. Así déjate de molestar con eso" proclamaba abiertamente su madre durante cada ocasión que el tema salía a la luz.
"No puedo tomarme el palo así porque deteste a mi papá o porque mi mamá me rebaje emocionalmente. Si yo me llegara a ir, ¿con qué dinero? ¿Con qué garantía de sobrevivir y no verme asaltada por ahí? ¿Con qué seguridad de que mis hermanas no serán más degradadas de lo que ya son o que no serán humilladas sin defensa alguna parecida a aquella con la que siempre las protejo? ¿Con qué garantía de que las van a alimentar, limpiar, llevar al colegio y cuidar correctamente? Si dichas actividades son mi responsabilidad. ¿Lo entiendes? Si yo me voy, mi casa se derrumba. Sencillamente, no puedo", me confesó Marina más tarde. Me explicó, además, cómo era el día a día que le habían impuesto y los motivos por los que, sin el cimiento que llevaba su nombre, la propiedad donde vivían colapsaba. "Debo levantarme temprano, prepararle el desayuno a mis hermanas, arreglarlas, higienizarlas, acompañarlas a la escuela, volver, realizar mis proyectos, tener clases entremedio, cocinar el almuerzo, buscarlas, limpiar la casa, ayudarlas con sus dudas, seguir con lo mío, proceder con la media tarde, las compras del hogar, la cena, lavar los platos e ir corriendo directo a dormir. Y solamente soy yo quien debe efectuar todos esos labores. Mi mamá trabaja de 8 a.m. a 6 p.m., no me encuentro en posición de exigirle nada. Mis hermanas, una de nueve y otra de catorce, aún son muy inmaduras para atenderse por sí solas. Mi papá... él invierte el tiempo mínimo en casa. Come en la cena y duerme en la noche. El resto, ¿quién sabe dónde se lo pasa?" No lo sabía. Sin embargo, de lo que sí estaba al tanto, era del caos que surgía pasada la hora de la última comida del día.
Si las noches se habrán alargado y las lágrimas habrán abundado en presencia de aquel ser podrido, malvado, egoísta, violador de derechos de expresión y de respeto por la vida, virtud ajena. "¿Me dirás que fue lo que pasó anoche? ¿Las razones por las que no pudiste terminar las tareas? ¿El motivo por el que corriste al baño apenas tocó el timbre a llorar sin que otros te vieran?" se repetían los interrogatorios mientras que ella no hacía más que limpiarse el rostro entretanto le restaba importancia, como quien olvidó de echarle sal al agua de los fideos y éstos salieron desabridos, aunque completamente comestibles para cualquiera, y le pedía los resultados de los ejercicios a sus amigas. "Nada, lo de siempre. Mi papá llegó idiota, bebido, armó un escándalo despertándonos a todas con el mueble que rompió de la fuerza con la que le pegó y Sofía no paraba de llorar, claramente, porque no entendía nada y tenía miedo y mi mamá gritaba y yo la quise defender, ya que no merecía estar siendo tratada como basura por él y eso nos llevó a elevar el nivel de pelea, a que se la agarrara conmigo y saltara Delfina, la favorita de mi papá, y la tensión bajara decibeles hasta el punto de 'Hagan lo que quieran, no me importa' y con ello pudiéramos volver a descansar en paz. Y eso nomás, pudo haber sido peor. Al rato, todo estaba olvidado. Sólo que ya no había tolerancia alguna para que la luz de mi dormitorio permaneciera encendida mientras terminaba la guía de Matemática. Tuve que cerrar el libro y ya".
Y ya la regularidad de los sucesos se tornaba insoportablemente soportable. Él comandaba, el resto ejecutaba. "No te voy a llevar a ese cumpleaños" y ella mandaba las felicitaciones desde un mensaje telefónico. "Hoy te quedas acá" y ella cancelaba las reuniones a través de una ridícula excusa que nadie creía. "No vas a Mar del Plata" y ella pedía el reembolso de su dinero a la empresa de viajes estudiantiles. Le repugnaba seguir sus órdenes, sin embargo, las obedecía con paciencia, templanza. "No me queda otra. Su casa, sus reglas" mascullaba como loro. Incluso su mamá, quien se hallaba tan ansiosa de verla replicar el estilo de juventud que tuvo años atrás, estudiando, laburando de empleada doméstica en su propio lugar y partiendo de parranda constantemente, no era siempre de fiar dentro del apoyo materno. En ocasiones, bajaba la cabeza señalando su acuerdo con las directivas del hombre del hogar. O si, anómalamente, sus neuronas conectaban en una idea diferente la huida se realizaba a escondidas de los ojos del padre. "Aunque te diga que no, vas a Mar de Plata. Es tu viaje de egresados, la plata la tienes". En extraordinarias instancias, milagros como ese surgían. Y en las ordinarias, el remanente de chances se veía aplastado por la indiscutible sumisión de su madre. "Tan inteligente en la escuela y tan idiota en el amor" la oyó lamentarse desde el minuto en que los inconvenientes familiares se hicieron obvios a su vista. "De todos los hombres con lo que estuvo, tuvo que quedarse con este. Manipulador y pobre, un bastardo".
Del cuento de hadas de sus padres, su romance de película, jamás tuvo la mayoría de los detalles. Ni siquiera Marina conocía al ras y al revés cómo terminaron juntos, solamente fragmentos de una novela destinada a fracasar. Lo que en un inicio fue "Un muchacho bien educado y proveniente de una larga generación de hombres exitosos y acostumbrados a vivir bajo estándares de vida altos económicamente", eventualmente, se transformó en un desempleado que sobrevivía a base del sueldo de su esposa, maltratador psicológicamente, privador de la libertad de sus hijas, una sombra oscura que corría tras los pasos de Marina, ensombreciendo su sonrisa y plagándola de lágrimas. Un breve resumen del cómo cayó drásticamente del palacio de riquezas hasta el fondo de la miseria y en que la culpa no fue de él, sino de su familia consta de peleas internas en contra de los parientes adinerados del grupo familiar. Tras largas generaciones de acaudalados arrendadores, antiguos terratenientes en las lejanas tierras de otra provincia, numerosos y prósperos niños crecieron justo para abrir sus alas, extender sus horizontes a otros pueblos, a la provincia vecina. "Divide y conquistarás" o eso dicen. En su caso, no les funcionó.
Llegaron bendecidos de lujos a una zona en la que todos, mayormente gente humilde y de bajos recursos, aspiraban a poner una hogaza de pan en sus platos producto del arduo trabajo que realizaban. En un pestañeo, compraron grandes terrenos con los billetes de millonarios que pesaban en sus bolsillos, aún sobrándoles para vivir como reyes. No obstante, el papel se gasta rápido y necesitaron de más. Perfecto. Las primeras veces les fueron transferidas las cantidades solicitadas. Solo las primeras veces. La lejanía y falta de comunicación en cualquier relación a distancia provoca algo llamado "incertidumbre". ¿Qué estarán haciendo? ¿Para qué piden más dinero? ¿Nos habrán engañado con una estafa a sus propios padres? "No, ya están bien grandecitos como para arreglárselas con sus manitos. ¡Trabajen!" Así fue que se terminaron por pelear con la principal fuente de riquezas, unos más que otros, unos reconciliándose mientras que otros no, unos imitando el estilo obrero de los residentes de allí y otros manteniendo los estatus altos y pudientes. Para mala suerte, la familia del padre salió perjudicada en la discusión. La herencia equivalió a cero, el trabajo duro a cien. Con estudios y capacidad, el papá de Marina consiguió empleo en una excelente empresa que le dio de comer, incluidos placeres, a la familia en expansión que se había forjado.
Sin embargo, un inesperado despido tras años de servicio y a una edad mayor, produjo una disminución en el estilo de vida que llevaban. Alguien de más de cuarenta años, desempleado, no se ve apto a contratarse por muy calificado que esté. Era viejo. Los conflictos se incrementaron, tanto en el ya ausente romance que existía con su esposa como en la situación económica. "Se iban a divorciar, pero mi mamá justo se embarazó de Sofía. Quería morirse" admitió, "Desde ahí que no se soportan, aunque tampoco terminan por separarse. Él le llora a mi mamá para quedarse, le dice todo tipo de cosas con tal de colgarse de su generosidad, creería que hasta la amenaza con quedarse con Delfina o la casa, tal vez. Es capaz de todo... Y ella que es una masita, cede siempre. Me da miedo" Claro que le aterraba, él pensaba, y ello mismo se veía reflejado en su modo de relacionarse con el mundo exterior, con los chicos, con el inocente pensamiento de formalizar un noviazgo con un hombre que refleje tendencias negativas como las de su padre. "¿Viste que dicen por ahí que tendemos a buscar pareja teniendo en cuenta las influencias que recibimos de nuestros padres? Si llegas a ver que me enculo con alguien igualito a mi papá, te pido que me pegues una bofetada y me saques de allí, por favor" le había rogado una vez, en chiste no tan chiste.
"Detrás de cada broma hay una verdad y detrás de cada sueño hay una inseguridad" dijo un mendigo de las calles de New York, una vez hace muchos años. O, más bien, lo dijo la Vida misma cuando se hallaba en pleno proceso de proveer con nuevos niños a la generación del 2002. "Quiero que sufran" probablemente habrá pensado y por ello, Marina, nacida para dicha fecha, se desvivía en imposibles sueños de príncipes azules, hombres perfectos, estereotipados, héroes y badboys, finales de cuentos de hadas más un plus de sexo salvaje y alocado para, así, completar una existencia feliz y placentera. "Y que sean bienvenidos los hijos" aceptó con decisión, en tanto su optimismo cerebral era impresionante. Lástima que su cuerpo no reaccionaba de la misma forma. De los maravillosos anhelos que creaba, las inseguridades nacían de su torpeza al intentar actuar como la princesa encerrada en el castillo que esperaba a ser rescatada. Damisela en peligro ya era, muy en peligro, no obstante, no poseía el canto de Ariel, la belleza de Aurora, la paciencia de Bella, la confianza de Blancanieves para vivir con siete enanos, el largo cabello de Rapunzel ni la suerte de Pocahontas para enamorar a un inglés llamado John Smith. En otras palabras, no era más que una mortal cualquiera, certeramente, desprovista de sangre real, de oportunidades en el amor. Ni siquiera en aquel breve trance milagroso que tuvo a los doce años.
"Me sentí tan culpable que me descompuse por varios días. No te imaginas lo que dijeron de mí". Aquella fue la primera y última vez que besó a alguien, más específicamente, a un chico real y de carne y hueso y no creado por su imaginación. "Me forzaron. No lo quería a él, me gustaba el amigo. Aunque supongo que aquello fue mejor que lo que estoy pasando ahora. Siete años y ni un pico he compartido" confesó con el pucherito que tanto lo derretía, que tanta ternura y pena le producía o que tanta rabia le generaba. Nadie, ni un solo hombre se le había aproximado, tal vez no a formar parte de su vida romántica, pero sí podría haber sido de manera amistosa. Nada. "Bueno, sí hubo uno. Sólo que no superamos la primera cita. Yo era su segunda opción para la Barbie pelirroja y flaca que no pudo obtener porque lo dejó en la friendzone". Ser descartable y no recibir atención de nadie, a fin de cuentas, resultaba exactamente igual. Siete años en los que el mundo masculino ni supo de su existencia. Una absoluta injusticia tanto para ella como para las jóvenes que, sin lugar a dudas, se encontraban en su situación en alguna parte del planeta.
"De todas formas, no es la culpa de ellos" le discutió en cierta instancia, "Yo soy la que está mal. Resulta que no soy como las otras chicas, yo no fui hecha para encarar y besar, abrazar a cualquiera, dejar que me toquen sin más y totalmente confiada de mi cuerpo. Tampoco pienso que alguna vez tendré mi primera vez. Veras... no poseo demasiada fe en el futuro. Soy gordita, más de lo que era años atrás, me visto como viejita, no soy linda, no subo fotos a las redes, no tengo amigos hombres, no soporto el contacto físico o que me toquen los rollitos, soy un fantasma para cualquiera que me haya conocido. No me gustan los espacios repletos de gente, no sé bailar, no salgo de casa tanto por la falta de plata como por la falta de permiso de mi mamá, no soy buena en ningún arte, ciencia o deporte, no soy nadie. Todo lo que conozco en mi vida es 'No'" finalizaba con su monólogo de auto-desprecio. Era deprimente, doloroso ver como una persona tan buena, agradable como ella, sufría de problemas tan extraordinarios, tan poco comunes en el resto de la gente, tan raros que a nadie le sucedían. Sólo a ella.
"Muero por ser normal, ser como los otros. Salir de fiesta, emborracharme, tener sexo, tener amistades locas, tener facilidad en las materias del colegio aprobando sin estudiar, tener unos padres comprensivos, tener dinero para viajar, tener suerte en las cosas más simples, tener el gusto adquirido de ser charlatana y divertida con la gente, tener el menor gramo de una vida normal. ¡Quiero ser normal! ¿Por qué todo el mundo puede y yo no? ¿Por qué todos pueden realizar aquellas actividades tan básicas y yo no? ¿Por qué no puedo ser una más del montón?" ¿Por qué? ¿Por qué? y ¿por qué? eran las meras preguntas que sabía cuestionarse. ¿Por qué era diferente en el mal sentido? ¿Por qué la habían escogido a ella para encarnar el conjunto de la mayoría de problemas y trastornos raros que suelen darse en el 0,0001% de la población juvenil? ¿Por qué su existencia estaba condenada a observar sin poder ser partícipe de los placeres adolescentes regulares? "Hasta mi madre los vivió, que no te engañe su flagelada juventud. Mi abuela me contaba lo suelta y pícara que era ella. En la diversión de las parrandas, mi mamá disfrutaba de la compañía de varios hombres, citas con unos, besos con otros, relaciones del tipo más íntimas con algunos seleccionados, una furcia cualquiera... ¡Y mírame a mí! Más virgen que una monja".
Y bien, la respuesta a todos sus interrogantes que empezaban con "¿Por qué...?" se veían resueltos, no con un simple "Porque pasa que..." sino que sus causas provenían de una fuerza mayor que la controlaba y/o manipulaba, cualquiera de los dos términos era aceptable, a su placer y gusto. No se le podía llamar ente o espíritu, no tenía nombre. Su presencia solía aparecérsele con la silueta de un manto al negro vivo, crudo y verídico hasta el centro, aproximándose con el puñal escondido tras sus pliegues, listo para ser extraído y clavado en su corazón, pues por tanto que cuestionaba su vida, pertenecía a la "generación del por qué". Esa era su desdicha. Él también formaba parte. Todos sus conocidos y escasos amigos, en realidad. Aunque a Marina se le acentuaba todavía más. Tal vez fue por la nula diversión y adrenalina que existía en su día a día, tal vez fue por la derruida vida con la que fue bendecida, tal vez fuera el paquete extra de llanto con el que prepararon el caldo mágico que le dio origen, sexo y genes en otras palabras, lo que la hizo más sensible a sufrir las características de la generación del por qué. A esta siempre se la ha criticado por ser indefensa o como la titulan algunos adultos: "Generación de cristal, un monto de jóvenes vulnerables y fácilmente ofendibles a quienes no se les puede halagar u juzgar en lo que sea, ya que aquello les afectará en una extremadamente exagerada cantidad al punto de querer suicidarse por las escaleras de su colegio, del tipo dramatismo Hollywoodense, provocando juicios y estafas de abogados. O tampoco les permiten a otros opinar, pues no hay comentario que no encuentren discriminatorio, conservador, autoritario, racista, homofóbico, xenófobo, sexista, machista, feminista, violento y cualquier otra clasificación que deseen inventar actuando, de ese modo, como niñitos indefensos e indefendibles. Sí, también les molesta que los defiendan. Se sienten débiles, desestimados y privados de usar su fuerza, potencial propio. ¡Únicos en la especie humana!".
A pesar de que a ella no le interesaban aquel tipo de discusiones, problemas inventados por adolescentes ricos aburridos con sus vidas, sí se identificaba con el exceso de sensibilidad y vulnerabilidad. Situaciones que en otros tiempos se hubieran enfrentado con un cinturonazo de parte del profesor por desaprobar un examen o de los padres por llegar tarde a casa, ahora, la sola queja habitual de su madre le rebajaba el autoestima causándole el sentimiento de ser una mala hija, terrible hermana mayor, pésima adulta. "Mijita, ¿estás consciente de lo vaga que eres? Me paso las veinticuatro horas trabajando para que cuando llegue te vea durmiendo la siesta, los platos sucios y la mierda del perro sin barrer. Así no se puede vivir, mira si en mi juventud me hubieran perdonado esto". Tarde o temprano, el insulto de pereza comenzaba a asentarse, tomar forma como un defecto adquirido de nacimiento. "No, hoy no puedo salir. Tengo que ordenar mi pieza además de arreglar la de mis hermanas. Mi mamá trabaja, no puede hacerlo. No puede sola con todo. Y lo que menos necesita es una holgazana saliendo entremedio de semana. Mejor lo dejamos para después...". Ya que allí, también, ingresaba la otra cualidad que los definía: "Ser egoístas y únicos en su tipo".
Siempre preocupados por sí mismos, su felicidad y diversión y sus inagotables deseos de morir. Quieren que la vida les sea servida en bandeja de oro, parrandear cuando deseen, crear nuevas y abundantes amistades a cada segundo, reír como si el mundo fuera a acabarse, experimentar cada fantasía sexual existente en los libros del Kamasutra, gastar todo el dinero de sus padres en viajes, comida exótica y placeres de famosos de televisión e, incluso, como si ya no estuvieran actuando de manera tan narcisista, exigen que además se les cumpla los anhelos de morir cuando sea que se les presenten. "A ver si me muero de una vez, porque seguir así es inútil. Nadie me mira como miran a otras chicas bonitas, lo reconozco. Entre más rápido lo acepte, mejor. Así después no me ando haciendo ideas erróneas que sólo terminan estampándome contra la pared, una y otra y otra vez... Y la verdad que es cansador. No quiero seguir sintiendo eso, es muy fea la sensación mientras la estoy viviendo. ¡Que me pise un autobús ya mismo!" dictaminaba reiteradas veces a la semana Marina. Incitando, inintencionalmente, a que el corazón del joven se trizara de melancolía, abatimiento por el desfavorable conjunto de factores que la obligaban a decir aquellas tonterías.
Como réplica, su primo aspiraba a negarle cada uno de sus argumentos afirmando que no eran más que malas pesadillas de noche, que la "generación del por qué" no era sino un invento de los adultos amargados que buscaban justificar el comportamiento idiota de los adolescentes y que a pesar de que, por instantes, se sintieran caminando por las calles sin luz dentro de sus ojos y se percibieran ineptos a ser productivos con el maldito extenso tiempo que poseían y desperdiciaban mirando Instragram y Netflix; eso no significaba que estuvieran fracasando como personas, hijos y en las elevadas expectativas de los padres. Sencillamente, estaban transitando una etapa de auto-búsqueda en la cometerían miles de equivocaciones, serían rudos y malagradecidos, se meterían en peleas y perderían la cabeza. Pero nada más. "Sé que es algo que has escuchado un millón de veces en tu vida, 'generación del por qué', lo sé. Sin embargo, no debes preocuparte por ello. Es únicamente un período, unos años, ya pasará. Tu familia sanará en su odio mutuo, tu salud mejorará desapareciendo la diabetes, el exceso de peso y la ruina mental, dejarás de auto-boicotearte, serás hermosa, inteligente, codiciada por otros y amiga de mucha gente, no estarás sola jamás ni aclamada de más por vergüenzas pasadas y, con certeza, serás confiada de ti misma batiendo a todas esas inseguridades anormales, miseria de amistades y desprecio de parte de imbéciles que ni te conocen. Es genuinamente oficial. Te lo garantizo".
Frente a ello, Marina se dispuso a llorar desconsoladamente, sin decoro de nunca más, asintiendo a sus palabras, dándole la razón casi con frenetismo, entretanto reforzaba los muros de su mente para hacer caso omiso a su charla motivacional y continuar con su matador pesimismo, el que calificaba como "ser realista". Por su lado, él se percató de eso cuando ella le balbuceó: "¿Sabes cuál es la verdadera razón por la que nos llaman 'generación del por qué'? Debido a que siempre tenemos en mente la idea de que estamos destinados a morir, por tanto, ¿por qué vamos a esforzarnos en ser mejores si muy pronto estaremos sepultados bajo tierra como fiambres vacíos de alma, logros y fama? ¿Por qué insistimos en cosas que la muerte, tarde o temprano, nos va a arrebatar?... Así somos, entonces, la 'generación del por qué' que no para de preguntarse por qué estamos acá si no representamos ningún cambio en el universo". Estaba en lo cierto, como usual. La vida de todos en la humanidad, en algún momento, les apestó a mierda de caballo y ninguna de las variaciones que surgieran tanto interna como externamente a ellos, eran útiles al querer modificar el ambiente en el que vivían.
Sin embargo, su primo le juró al universo que ella se vería forzada a crecer en dirección a su versión idealizada, mientras que él permaneciera cerca suyo aconsejándola y cuidando sus espaldas. "No planeo irme nunca de tu lado, por eso, sí o sí, te convertiré en la mujer de tus propios sueños aún cuando la muerte nos visite en una hora. Serán los sesenta minutos más bellos de tu existencia y me los agradecerás en el Más Allá si es necesario".
A continuación, se puso a escribir la lista de tareas que les esperaba obedecer.
.........................
—Wow... Es por eso que el primo siempre se inclinó a ayudarla.
<<Sí>>
—¿Y dices que así de terrible también fue la vida de Teresa y Ko Mun-yeong? Y que debido a eso tus copias quisieron ayudarlas.
<<Sí>>
—Pues, entonces no te creo. Marina va más allá de lo que hubiera pensado que alguien podía soportar. No se compara con las otras. Y ya sé que en su vida no hubo muertes ni accidentes graves con consecuencias a largo plazo, sin embargo, el daño psicológico que te causa una familia de porquería, un mal cuerpo o una mala suerte de nacimiento es espantoso. Prácticamente, se rindió. Se dio por vencida en la carrera. Solo quería morirse.
<<Aun así, como le explica el primo, es únicamente un pensamiento propio de la edad. Apenas si llegaba a los diecinueve, es común sentirse perdido y estropeado>>
—Pero no de ese modo. No con la predisposición de abandonarse a la miseria por no haber cumplido con las expectativas de los demás. No con la extrema pobreza de normalidad con la que fue engendrada y por la que se construyó un inmenso castillo impenetrable para cualquiera que intente darle una mano, ya que "Era distinta y su destino estaba encaminado hacia el desastre". No. Eso no es solo un pensamiento ni una característica de la Generación del Por qué. Eso es algo más. Pareciera una maldición sobre ella, un odio tremendo de alguien allá arriba que la impulsó a ella y a sus hermanas a elegir los peores padres del mundo.
<<Esa suposición es imposible e insensata>>
—No me importa, pero no es simple casualidad que a ella le hayan tocado todas. Hasta acepto ciegamente la hipótesis de la meada de elefante.
<<Irrealizable>>
—Es que no puede ser así, no puede sufrir tanto ella sola mientras hay gente que no le sucede ni un tercio de las cosas que a ella le pasaron por encima. Es injusto. Es tan injusto.
<<Así es la vida>>
—No quiero. No lo acepto. No puedo. ¡Dios! ¿Cómo puede ser que gente tan buena lo pase tan mal? ¡No debería ser así! Si no hicieron nada malo, ¿por qué el sufrimiento?
<<Recuerda que hay muchos factores que son al azar. Sencillamente, a veces, se da una mala combinación de ellos y las personas terminan conviviendo con familias y amistades para nada compatibles con sus almas. En ese punto, no hay nada que hacer. El primo tratará de salvarla. Lo logre o no, la vida con la que nació no podrá cambiarse. Es y será siempre así>>
—Ya lo dije. No me importa. Está mal y no debería ser así y ni siquiera estoy incluyendo al azar. Eso aquí no tiene relevancia. Sea la suerte que sea, no pueden existir padres así ni amigos así. Tampoco hablo solo de Leandro y Oscar, sino de todos aquellos que hemos visto que han hecho daño. Están mal. Deberían de aprender lo que es bueno, recapacitar sobre sus actos de maldad y cambiarlos. ¡Y lo sé! Sé tu contraargumentación. Dirás que las almas vienen así de fábrica y que, aunque mejoren en esta vida, eso después se pierde con el tiempo para quedar una estela de lo que fue.
<<Correcto>>
—De acuerdo, tendré que cambiarlas antes que se vayan y así, por lo menos, habré modificado una pequeñísima parte de su ser que tal vez luego se borre o tal vez permanezca. No lo sé. Pero deberé de seguir trabajando para que esas variaciones perduren en el tiempo y en las almas y no se repitan las atrocidades ya vistas.
<<Poco fiable. No obstante, ¿cómo piensas lograrlo?>>
—Haciendo lo que me pidieron: Escribir.
