https://dai.ly/k1RRxbSeTWAvcmzLz1J
<<El cuarto relato, casi como si el destino hubiera propuesto que la sucesión de hechos continuara de manera coherente, consta de una mujer que, en lugar de llorar por su dolor o huir de él, tomó la decisión de confrontarlo, hacerlo suyo y transformarlo en arte. Obtuvo grandes ganancias, si sabes de lo que hablo. Patricia fue capaz de asumir sus traumas y culpas, replicarlos sobre un guion y crear una espléndida obra de teatro con ellos. Lo vi con mis ojos, en una función de dos horas, no requiriendo de más seguimiento para comprender la vida por detrás del telón que la incentivaba a realizar lo que hacía>>
—Vaya, vaya. Dos horitas y listo. ¿Es que tan obvia fue?
<<Tal vez por eso todas mis copias poseen relación con los pensamientos reflexivos y demostrados de modo artístico, pues sino, no podría citar a la pequeña imitadora de Penélope con su dicho de "En mi caso, la música se transformó en frases sin sonido a primera vista, pero ruidosas para cualquiera que las descifrara". Siendo que lo que quiso expresar allí fue que, no importaba cuan precisa fuera respecto de sus sentimientos, nadie le entendería a menos que lo hubieran vivido y/o visto a ello. Únicamente, le haría ruido a quienes interpretaran y no sólo leyeran.
Respondiendo a tu pregunta, de sus más profundas emociones desprendió contenido que pudo ser utilizado para el entretenimiento general, desprovisto de honestidad y lleno de ficción. O eso era lo que se creía con ignorancia. Pues, hablando sin preámbulos, ella literalmente describió los acontecimientos de su vida a detalle y nadie la comprendió de ese modo. No lograrían entenderla jamás, dado que nunca vivieron o vieron lo que ella padeció. Escuetamente, lo tomaron como una distracción artística de sus responsabilidades rutinarias>>
—¿Y qué te hizo darte cuenta de la realidad tras la fachada comercial? Si estaba tan bien disfrazada...
<<Deberías saberlo>>
Seguidamente fruncí el entrecejo, recalculando como el GPS cuando no encuentra las calles que quiere. ¿Saberlo yo? Arriesgué con lo que suponía que era la respuesta que esperaba— ¿Tal vez porque su historia incluía algo relacionado a muerte, traición, abandono, "los genuinos conflictos" y, como los has experimentado, fuiste capaz de deducir el trasfondo biográfico?
<<Justamente>>
—Puff, si ya estoy hecha una experta en esto —ironicé—. De pies a cabeza te conozco. Merezco un premio...
Un silencio sepulcral se emitió a continuación.
—Está bien, lo sé, estoy exagerando. Pasa que estoy alegre de esta nueva fase tuya. Ya comienzas de buenas antes de siquiera dar el relato. Me agrada —aplaudí de la forma más silenciosa que pude—. Aunque, si puedo diferir con la bella introducción que acabas de dar, es que las jóvenes del segundo y tercer universo también contaron sus problemas en forma de arte.
<<No realmente. Ellas solamente los describieron con sencillez o transportaron sus crisis a personajes de cuentos quienes los narraron de manera literal. En cambio, lo que ella produjo fue arte de sus propias experiencias, de su historia personal, convirtiéndolas en objetos comerciales y rentables para los interesados. ¿Queda explicado?>>
—Súper claro, supongo, como el agua.
<<Empecemos...>>
Sin pensar demasiado, lo titulé como el objeto entorno al cual gira el relato, "Flor Smeraldo"
.........................
—[...] Destapé una botella de vino y la bebí de lleno. Sin dudas ni remordimientos. Sin penas por contar el número de éstas reposando a los lados de mi cama —replicando lo que decía, arrojó a un lado la copa y se levantó del colchón. Empujó con cuidado el vidrio del suelo y prosiguió con su discurso, mirando directo a los ojos del público— No me importó absolutamente nada, más que la agria sensación de cálido líquido subiendo por mi garganta hasta alcanzar las neuronas de mi cerebro. Emborrachándolas. Obligándolas a perder la conciencia. Muriendo suave y lentamente... tal como lo tú lo hiciste, querido amor...
—Cariño, por favor, no cedas ante la tristeza —masculló detrás de ella su compañero de escena, cuyo personaje de la obra representaba una visión de la joven—. Comprende que yo estaré contigo para toda la vida —se aproximó y trató de abrazarla por la espalda.
—¡No! ¡Basta! Cállense de una vez —chilló y se alejó de él—. Ya no soporto oír las perversas y artificiosas voces de mi cabeza. ¡Malicia provocada por la incontrolable locura que me causó perderte! —alzó la vista al techo y recitó, derramando lágrimas por sus mejillas— Oh, amor, deseo volverte a ver. De verdad, lo ansío. Y no veo la hora de beber el resto del vino aquí en mi mano, con un delicioso coctel de mis pastillas favoritas...
—Cariño... —volvió a insistir el hombre.
—Lo sé... tienes razón. Debí haber hecho esto hace bastante ya. Perdóname, mi amor. Prometo que la espera acabará pronto... y acabó. ¡Acabó finalmente! ¡Mírame!— La mujer retrocedió sus pasos hasta el colchón y, debajo de la almohada, sacó un frasco de píldoras de diversos colores. Tomó varios puñados y los tragó, intercalando entre ellos profundos sorbos de la boca de dicha botella. A continuación, pretendió sentir nauseas y cayó de rodillas al suelo— Amor... voy en camino... ya voy...
Pronto dejó de respirar, por lo que eventualmente se desplomó. Al verla en ese estado, el muchacho la sujetó entre sus brazos y le cerró los ojos. Depositó un dulce beso en su frente. Luego escondió su rostro en el hueco de su cuello y el telón se cerró adelante suyo. La obra había terminado.
De inmediato, se oyeron gritos de alegría y aplausos de admiración por parte del público, quien había estado prestando suma atención a la presentación de los actores.
—¡Dios! ¡Lo hicimos otra vez!— festejaron los artistas, agasajándose entre ellos y preparándose para saludar a la gente.
Se abrió la cortina y el auditorio estallaba en alabanzas e interminables aplausos. De pie, cada uno de los espectadores les sonreía y silbaba y, los más atrevidos, les arrojaban rosas y muchos tipos de flores.
Ambos jóvenes se tomaron de la mano e hicieron una reverencia al público y así los copió el resto de los actores, todos elogiados con igual intensidad y gracia.
"Alguna vez te amé", famosa obra de teatro de Patricia Maizal, seguía siendo un éxito de taquilla para los aficionados al arte.
...
—Con que sí. Es la mejor obra jamás representada en este teatro. La mejor en ventas, la mejor premiada, la mejor en... bueno, ¡la mejor del mundo!
—Ay, no bromees Carlitos. Exageras demasiado —le regaño con amabilidad, mientras que una chica joven colocaba rubor en su rostro.
—Vamos Patricia, siempre es un gusto charlar contigo y el público te adora. ¿O no amigos? —dirigió la vista hacia ellos y, por consecuente, los espectadores chillaron y gritaron ansiosos.
"¡Yuuujuu! ¡Buenísima! ¡Dale Patri! ¡Yujuuuu! ¡Increíble! ¡Te amamos!"
—Está bien, está bien Carlitos. Lo acepto. Ya puedes empezar con tu entrevista —agitó su mano indicándole a la maquilladora que ya era suficiente. Ella y su compañera, que trabajaba sobre el cabello del hombre, recogieron sus cosas y se fueron.
—De acuerdo —se levantó de su silla, buscó con la mirada al camarógrafo que lo filmaría y comenzó a hablar frenéticamente como todo periodista local de cultura y reconocido entrevistador de celebridades en el mundo del arte que era— ¡Bienvenido mi queridísimo público a una nueva edición de "Arte Cuyano"! Hoy nos encontramos en el monumental Teatro Plaza Abril con una entrevista que los va a enloquecer. ¿Quién creen que será mi invitado esta vez? ¿Brad Pitt? ¿Angelina Jolie? Mm, cerca pero no... soy Carlitos Filamonte y les presento a mi bellísima amiga Patricia Maizal. ¡Aplauso por favor!
Otra avalancha de gritos y admiración se escuchó por parte del público.
El presentador se acomodó en el sillón para uno. Las cámaras, por su parte, se encargaron de enfocar la interesante conversación entre ambos, capturando sus figuras en sofás opuestos.
—Entonces, Patricia Maizal, directora de cine y teatro, guionista y actriz, joven española radicada en Buenos Aires, nos hablará de su trayectoria y de sus obras teatrales hasta el momento. ¿De acuerdo? —ella asintió— Primera pregunta: ¿Cómo surge tu vocación por el teatro y cómo comienza tu actividad teatral?
—Mi vocación teatral surge al llegar a Buenos Aires, unos veinte años atrás. En Madrid nunca se me cruzó por la cabeza escribir teatro. Me formé como guionista de cine en la Factoría del Guion de Madrid y en el Instituto de Cine de Madrid. Todo cambió al llegar a la Argentina cuando empecé a ver teatro. Ahí mi cabeza cambió. Me atrapó el pensamiento diagonal que tienen en general las obras porteñas, la rapidez de conceptos y la desestructura. Y ante esta situación surgió el amor y la pasión —sonrió radiante—. De ver teatro argentino me surgió la vocación de hacerlo. El teatro es para mí como escribir literatura. En realidad, creo que soy una contadora de historias. El formato me sirve de canal para llegar a difundirlas.
—¡Excelente Patricia! Una respuesta extrañamente completa...
—Tal vez será que, de tantas veces que la preguntas, la memoricé Carlitos —bromeó.
Risas explotaron del fondo del auditorio.
—¿Ya lo ven? Trabaja de comediante, también —se acomodó en su silla y la observó con seriedad fingida—. Es que... Patricia yo... no puedo evitar entrevistarte en cada teatro que te presentas. Realmente... ¡me tienes enamorado!
—Ay, por favor, Carlitos. El comediante eres tú, actuando de payaso en televisión nacional.
—¡Lo que hace el amor! —guiñó un ojo a la cámara y rio— Entiendo... te gusta la diversión.
—¿A quién no?
—Bueno, saltemos el guion e improvisemos —lanzó a un lado la hoja con las preguntas que tenía preparadas y consultó— "Alguna vez te amé" es una obra de final trágico, expresamente triste y dolorosa. Con emociones tan crudas que perfectamente podrían ser autobiográficas. ¿Lo son? ¿O sino, pues, de donde surgió la inspiración para crear esta obra maestra?
—Wow, me sorprendes Carlitos. Una pregunta que nunca antes se te había ocurrido.
—Lo sé, cariño. Soy fantástico —se encogió de hombros—. Aunque, adelante. Eres libre de contarnos. Gente de todo el país, escuche atentamente.
—Primeramente, déjenme recordarles un poco el inicio de esta obra. En muy simples palabras, "Alguna vez te amé" cuenta la historia de una muchacha la cual se hallaba estudiando en el extranjero en Dakota del Norte, en el centro de Norte América, cuando decidió viajar a Virginia durante las vacaciones verano. Luego de una extremadamente corta jornada de descanso en el hotel y tras recorrer algunas calles de sus alrededores, descubrió en el recinto de un café, un póster que decía "Evento de Flores". Ella estaba tan cansada que no tenía la fuerza de ir a ningún otro lugar, así que simplemente se sentó allí y atendió a la lectura. Afortunadamente, fue una lectura demasiado interesante, en especial la parte que hablaba sobre una flor cuyo nombre era "Smeraldo" —se detuvo de pronto y echó un vistazo a la cámara- ¿Me siguen hasta ahora?
—Fuerte y claro.
—Perfecto. Entonces se preguntarán ¿por qué Smeraldo? ¿Por qué elegí dicha flor como elemento comunicador entre los protagonistas y su historia de amor? Bien, lo cierto es que mi primer encuentro con la flor Smeraldo tuvo lugar hace 5 años. De ahí mi inspiración.
—Pero Patricia, ¿por qué la convertiste en una flor con una historia desgarradora?
—Debido a que ya lo era en sus orígenes. Ustedes pueden saber la historia a través del lenguaje de esta flor, "non potevo dire la verittà", significa "La verdad que no se pudo contar" en castellano. Mirando este significado, pueden descifrar que esta historia es sobre amor, sobre un amor trágico ¿no es así? —el presentador asintió— Su nacimiento surge de una leyenda local del norte de Italia, entre los siglo XV y XVI.
"...En una villa llamada 'La Città di smeraldo', había un pequeño castillo aislado. En ese lugar vivía un hombre con una apariencia grotesca. Era un bastardo. Hijo de un poderoso duque con la hija del jardinero. Quien, desafortunadamente, murió desangrada al momento de dar luz al niño. Más tarde, la verdadera esposa del Duque, llena de rencor y celos, quiso asesinar a la cría. Por tanto, el padre tomó la iniciativa de mandarlo bien lejos para que escapara.
Tan así, que el tiempo transcurrió y el niño creció hasta ser un hombre adulto que se ocultaba en un viejo castillo, solitario. Durante sus días de desarrollo recibió gran cantidad de odio y rechazo y jamás fue capaz de abrir su corazón a nadie. Vivía amargado y a la sombra del miedo. Su única alegría era ver crecer las flores que cultivaba en su jardín. Sin embargo, un tarde cualquiera, una chica apareció cerca de la fortaleza. La joven con su ropa maltratada, se puso de puntitas, saltó una barda para entrar al jardín y robó algunas flores.
Al principio, el hombre se puso furioso y pasó toda la noche cuidando su jardín. No obstante, en un momento de somnolencia, ella volvió y robó nuevamente, huyendo al final. Aquello sucedió en varias ocasiones. Él esperando por ella para verla saquear e irse. Hasta que, una vez, se cubrió con una capa y la siguió. Descubrió que la chica, débil y pobre, estaba vendiendo las flores para sobrevivir.
El hombre quiso ayudar a la niña. Quería enseñarle cada método que sabía para el cultivo de flores, quería enseñarle como cultivar flores hermosas. Pero no podía acercársele. Ella se asustaría por su apariencia, sin nunca poder amar su aspecto grotesco. Eventualmente, la única cosa que pudo hacer fue cultivar y cuidar de las flores con la esperanza de que ella continuara visitando su jardín.
Más tarde, el muchacho decidió crear una flor fuera de este mundo, para que ella pudiera vender a precios caros. El hombre se encerró en el castillo para hacer la flor. Después de innumerables intentos, hizo una que nunca había existido en el mundo y llenó su jardín con esa innovadora creación.
Pero la chica dejó de aparecer, no importó cuanto esperó, ella no visitó más el jardín de aquel chico. La preocupación se apoderó del hombre y fue a la villa con la cara cubierta, sólo para averiguar que ella estaba muerta..."
—¡Por Dios! ¿Hablas en serio? Eso es muy melancólico.
—Es únicamente una leyenda, Carlitos —añadió, restándole importancia—. Aunque sí fue lo suficientemente sorprendente como para dejarme marcada y proveerme la imaginación para escribir la segunda parte de la obra. En esta, conocemos a un joven quien también asistió al "Evento de Flores" por accidente y quedó igual de fascinado que ella por el Smeraldo. Casi al instante, comenzaron a llevarse bien y se mantuvieron en contacto. De Dakota del Norte a San Francisco, la distancia no era un problema. Un año después, el día que prometieron ir de viaje juntos a Italia, ella estaba esperándolo en el aeropuerto cuando lo vio a través de la ventana de vidrio. Bajaba del autobús con una chica muy atractiva. Inmediatamente se escondió. Solamente por instinto se dio la vuelta y se fue. Él luego la llamó, pero no hubo respuesta. Se hallaba aturdida frente al espejo de los baños del aeropuerto. Y aún cuando reservaron el vuelo juntos, él jamás fue a buscarla o revisó si se encontraba dentro del avión.
—¡Oh! ¡Detente Patricia! ¡Detente! Que mi corazón ya no lo aguanta —dramatizó el presentador, golpeando su pecho con el puño.
—De acuerdo, Carlitos —se sentó más relajada—. Ya no diré más nada, mientras que tú cuentas la parte final por mí. ¿Qué piensas querido?
El público aplaudió y le chifló entusiasmado al susodicho.
—Por supuesto, cariño —habló hacia las cámaras—. Y preparen unas cuantas cajas de pañuelos, porque se viene la parte más penosa de la obra... Entonces, una noche durante su estadía en Italia, algo raro sucedió. La muchacha dormía en una casa de huéspedes, cuando la despertó un sonido extraño. Su cama estaba bajo una ventana, sin embargo, seguía escuchando un golpetear como si alguien estuviera tocando la ventana. Lo raro era que se hallaba en el segundo piso y afuera estaba tranquilo. Pasando la medianoche, las cortinas se cerraron sin poder verse nada afuera... ¡Que miedo! —agregó fingiendo tiritar.
—No obstante, ella no fue miedosa. Simplemente, le resultó extraño.
—Y aunque pensó en levantarse y abrir la ventana para ver quien estaba tocando la ventana del segundo piso, se detuvo. Notó que eran sólo las ramas y viento y se obligó a regresar a la cama y dormir...¡Que ingenua! —ocultó su rostro dentro del hueco de sus manos— Fue en la noche el siguiente día, cuando recibió una llamada del joven.
—No, no era una llamada de él. Sino de su hermana.
—Reveló que el chico había estaba siguiendo a alguien con prisa en el aeropuerto y se accidentó, comenzó a tener problemas para respirar y a la medianoche del día anterior, abandonó este mundo... Y ahí todos perdimos una parte de nuestro alma —bromeó.
—Ya Carlitos... terminaré yo —habló firme—. Por su parte, la joven, antes de dejar el dormitorio, abrió la ventana. El sol estaba brillando y el viento soplaba. Fue solo por un momento, pero sintió como si él estuviese parado junto a ella. De ahí en adelante, iniciaron las visiones, las voces y la locura. Hasta que, meses más tarde, decidió darle fin a su tormento y reunirse con su amor.
—Amor que, claramente, nunca confesó.
—The truth that couldn't be told.
—¡Espléndido! Hemos tenido una increíble charla con la adorable Patricia Maizal, me siento nuevamente agradecido de su presencia. Esta vez, pudimos conocer un poquito más de su historia y algunas de sus fuentes de inspiración —se dirigió a ella—. Un gusto realmente —ella asintió con la cabeza y sujetó su mano. Ambos se pararon— Lamentablemente, el tiempo se nos ha acabado, pero no se preocupen. ¡Nos veremos muy pronto! —subiendo el tono de voz, chilló— ¡Bravo amigos! ¡Un fuerte aplauso! —hicieron una reverencia al público y el camarógrafo cortó la filmación.
Saliendo del escenario, ella caminó en dirección a los camerinos con la idea de tomar sus pertenencias y, de una vez por todas, irse que descansar a su pequeña casa. En el proceso de recolección de sus productos de maquillaje, alguien habló.
—No vayas olvidar el peine que me prestaste.
—¿Ah? Oh, Gery. No sabía que todavía estabas acá. Gracias —aceptó el objeto y lo guardó en su bolsa.
Gerardo, o en su versión más corta, Gery, era el dúo de trabajo de Patricia. Era quien representaba el personaje del muchacho accidentado y luego convertido en una irreal visión.
—Sí, bueno, estaba por irme. Aunque me entretuve oyendo la entrevista... fue interesante.
—Eh, gracias... Ya debo partir.
—Sí descuida, no te estoy reteniendo ni nada. Sólo quería mencionar que, intencionalmente o no, omitiste una parte de la historia.
—¿Qué parte?
—Aquella en la que confiesas que eras tú la joven que asistió al "Evento de Flores" y quién se enamoró, no de un chico desconocido hasta el momento, sino de la mejor amiga con la que fuiste. Y cuya vida se perdió en un accidente.
Ella abrió los ojos como platos, muda. Empero se recompuso en menos de un segundo— Gery, te veo muy agotado... deberías ir también a descansar. No pienses de más.
—Debió haber sido doloroso. Lo lamento.
—No tienes nada que lamentar, nada sucedió. No sé que de hablas.
—Tal vez tú no lo sepas, pero las voces y visiones de tu cabeza sí —dijo y se dio la vuelta, dejándola sola en la habitación.
Una misteriosa figura femenina apareció atrás de Patricia. Alta, delgada, pelirroja, hermosa. Deslizándose en silencio, corrió su cabello a un lado y susurró en su oído.
—No lo escuches amor. No sabe lo que dice...
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—"La verdad que no se pudo contar"... como si fuera una sola verdad la que nos rehusamos a contar —bufé—. Aun así, hay que admitir que la leyenda es un poco cliché e irrealista. ¿Enamorado de la niña que le robaba? ¿Aprendiz de técnico universitario en Jardinería y Floricultura cuando vivía en soledad y sin contacto con nadie? ¿Hombre deformado sin atenderse jamás? Entiendo que sea una leyenda, pero vamos... no llego ni a creérmela.
<<Sucede que el punto de dicha historia no se basa en los detalles inverosímiles de la creación de una flor, el encierro de un muchacho-ogro o la desgracia de una niña pobre y vacía de razonamiento, el cual podría haber aplicado con astucia para lograr sobrevivir. Sino en el sentimiento de percibirse defectuoso, imperfecto frente a la normalidad de todos, un monstruo acechando la salvaguardia que guardan las personas decentes con tal de alejarse de los raros y apartados. Esa sensación de denotarse insuficiente, incluso privado de interactuar con naturalidad con el resto, por razones de deficiencias físicas como psicológicas. Mirarse con lástima, hallarse feo, inservible, maldito, destinado a los rincones y oscuridades, jamás a los caminos de la luz y de gratas compañías>>
—Bueno sí, a todos alguna vez no pasó y ya. No es para tanto.
<<No. Es un asunto de enorme importancia. Sin embargo, acepto que no estés calificada para comprenderlo, pues no constituye una máquina de la que reconoces su función con sólo mirarla. Consta de un suplicio, una tortura la vivencia de aquellas emociones negativas y, exclusivamente, las reconocen las personas que las han sufrido a llanto, a odio mal-encaminado. No posees conocimiento alguno de lo que significa ser tan horroroso que la gente se aleje, te eche de sus cercanías, se espante con tu cara de repollo y tu cuerpo de judías verdes, sumado a las dolorosas abanicadas que realizan sobre sus rostros pues no soportan el olor a excremento que nuestro cabello produce. No sabes de la soledad que ello te impone, la cantidad de rechazo y aborrecimiento que comienzas a guardarte, alimentarte y tragarla como nutrientes...>>
—Yo no huelo nada... —susurré casi lo demasiado bajo como para que no escuchara. Pese a sí oírlo, siguió entusiasta con su discurso.
<<Muchos podrán afirmar que, luego de un tiempo, logras acostumbrarte a vivir separado de las personas, a mantener esa distancia rutinaria para que no perciban tus olores, a cubrirte el rostro con diversas máscaras con tal de no ser reconocido por los defectos sino por la belleza de una mentira; no obstante, no sucede así. Todas las veces duelen igual o peor que la primera. En cada una lloras de amargura, destrozándote por dentro y deseando realizar lo mismo por afuera. Lástima, que el exterior ya esté lo bastante derruido como para empeorarlo. Sino, la situación para nosotros sería muy diferente en estos momentos>>
Abrí los ojos sorprendida— ¿Hablas de que intentaron... eso? ¿Dar fin a sus vidas?
<<No mis hermanos. Yo sí. Como te dije antes, siempre fui la más débil y afectada del trío>>
—Aunque, por algo no lo hiciste, ¿verdad? Justo como el hombre de apariencia grotesca encontraste a alguien, en ese caso la niña, que fue quien te dio la valentía para esforzarte y continuar. Y, de igual manera que el joven de San Francisco y la mejor amiga de Patricia, tuviste a ese ser especial que te impidió cometer una locura, ¿cierto?
<<No. Fue debido a esa persona por la que quise hacer aquello. Yo soy horrorosa, sin un nombre con el que puedan llamarme, sin la firmeza para dirigirme apropiadamente hacia otros, sin ser capaz de mostrarme o entregarme a los demás. No había chance de que, simbólicamente como fue la historia de Patricia, pudiera entregarle aquella flor que se parecía tanto a su rostro. Por eso, pensé en acabarme. Constó de un instinto repentino, fugaz, absurdo. Desapareció pronto, pues comprendí que dicho accionar no le sumaría a nadie, más bien le restaría alegrías a mis hermanos. Siendo que, cuando pude mostrarme venida a menos, preferí llevar una máscara y salir al exterior. Viva aunque escondida. Dando a entender que no tengo y no tuve el coraje de pararme en frente suyo y presentarme, darle una oportunidad de conocerme. Todo hubiera sido muy distinto en ese plano de realidad.
—Pero, ¿quién era esa persona, entonces?
<<Nadie. Sólo alguien a quien tuve la oportunidad de observar una vez al pasar por uno de los tantos universos que conocemos. Sin embargo, comprendí que nada jamás podría suceder y por varias razones. No era mi destino, la vida nunca nos planteó la posibilidad de establecernos en un lugar de la mano de parejas y futuras familias, somos y seremos viajeros para siempre; y ni se hallaba dentro de los límites que yo estuviera capacitada de rellenar. Simplemente, lo dejé pasar, comprometiéndome a seguir con nuestros propósitos>>
—Ah, ¿y ese "alguien" no murió como los demás? Espero que no...
<<No>>
—Bien, bien. Me deja más tranquila para escuchar el siguiente y último cuento que te queda. ¿Lista?
Inspirado en los Highlight Reels de BTS. Fragmento extraído de la Leyenda Smeraldo.
