Abro los ojos antes de que el despertador suene. Lo primero
que siento es el golpeteo del corazón contra mi pecho, retumba en la oscuridad.
Inhalo profundamente y exhalo. Nada. La velocidad de los latidos no disminuye
en ningún sentido. Mis piernas se inquietan, tanto ellas como yo sabemos lo que
aquello significa: Hoy no va a ser un día fácil. Mis pulsaciones aumentan, me
estoy poniendo nerviosa. Respiro una vez más. No puedo darme por vencida cuando,
aún, no son ni las siete de la mañana. Oh, no. El insoportable tono de los
Samsung ensordece mis oídos. Ya son las siete de la mañana. Mi estómago se
revuelca y cruzo las piernas por instinto. Apago la alarma.
Solo para comprobar, extiendo las manos al frente y las
analizo con detalle. Mis dedos permanecen inmóviles, todavía no tiemblan. Ojalá
aguanten así hasta la noche. Me levanto, desayuno y me preparo para ir a la
facultad. Ecología con la profesora García me mantendrá distraída de esta
sensación opresiva que me obliga a enterrarme las uñas en las palmas como método
para liberar tensión. Sin embargo, no logro evitar mirarme al espejo antes de
salir. Me observo con detenimiento. Labios secos que, en algún momento,
tuvieron el privilegio de hidratarse naturalmente. Cuello blanco y liso, libre
de equimosis como lo estuvo años atrás. Una musculosa y jeans entallados sin un
verdadero propósito en la actualidad. Me recuerdo lo hermosa que soy y me
dirijo al garaje, donde guardo mi camioneta.
El guardia me saluda como siempre, yo bajo la mirada como
siempre. En especial, hoy que no me siento valiente de desafiar a nadie con la
mirada. Me cruzo con varios compañeros en el pasillo y los esquivo con los ojos
puestos en el suelo. No deseo tentarme. Para variar, llego tarde al aula.
Demonios. La profesora ya va por la mitad del tema. Mi compañera de banco me
presta sus apuntes. Copio la definición que dice “Una especie es un grupo
natural de individuos que pueden cruzarse entre sí y pertenecen a un mismo
linaje evolutivo, pero que están aislados reproductivamente de otros grupos
afines”. Al devolverle la hoja, mis pupilas se desvían hacia sus pechos grandes
y el escote bajo que los resalta. Me maldigo internamente. Cierro los párpados
con fuerza. Trato con todo mi ser de concentrarme en la lección y el cuaderno
frente a mí, pero no lo logro.
Han pasado dos años desde los acontecimientos que marcaron
esta condena para mí. Dos años en los que mi cuerpo ha permanecido intacto. Dos
años en los que un hambre voraz se ha acumulado en la sangre de mis venas y
lucha por escapar en cada instante que visualiza una remota posibilidad. Apenas
si fui capaz de retenerlo cuando mi instructor de guitarra trató de besarme. Le
puse la mano en la boca y fingí asco. De hecho, mis actos fueron liderados
por el miedo que tuve de espantarlo con mi intensidad, más que por protegerme
de sus insinuaciones. Con gusto las hubiera aceptado, si no hubiera sido por la
relación profesional que nos competía. Ahora me arrepiento. El mismo agobio que
cuando le rechacé los chocolates a mi expareja. Tonta.
Una mezcla de murmullos y despedidas que alborotan el silencio
que yo recordaba haber encontrado al ingresar al curso me desorienta. Miro a mi
alrededor. La profesora ya se iba, la hora de Ecología había terminado. No
anoté nada. Me maldigo por segunda vez. Si sigo a este ritmo, no lograré
recibirme ni podré culpar a otro que no sea yo y las ganas insaciables que
jamás fui capaz de controlar. La chica amable de recién también había
desaparecido. Dudo que alguien quiera ayudarme en esta ocasión. No obstante,
veo a Alexis, el casanova, al fondo del salón. Viene en mi dirección. Lo odio y
no porque sea una persona desagradable. Llega a mi lado, presiona mi hombro y
me pregunta si necesito algo. En cambio, lo odio porque conoce mi secreto y
juega malvadamente con él. Me niego a su propuesta sin pensarlo.
Insiste, ofrece su casa como suele hacer. Cruzo las piernas,
las presiono contra la silla. La ansiedad empieza a dominarme. Le ruego que me
deje, sin embargo, me ignora y desliza sus dedos al interior de mi cabello, los
enreda entre ellos. Un fuego nace dentro mío. Estallo de pronto. Me levanto
rápidamente, tomo mis pertenencias y corro al baño de mujeres, un lugar al que
no podrá seguirme. He perdido varias clases de Anatomía por hacer esto, una situación un tanto grave si tengo en cuenta que el semestre está por finalizar y los
parciales se acercan. Aun así, para días como estos, no he conseguido otra
solución que la de sentarme en el inodoro y subsanar el deseo de forma manual,
manos temblando. Estoy tan falta, pero tan falta de…

El link del video de presentación que Dailymotion no me permitió subir:
ResponderEliminar--https://drive.google.com/file/d/1jqYMbVeGfAdmR8P40Ram2PrpBQcYz-Z3/view?usp=sharing
Comenzó como un CHISTE entre AMIGAS, una BURLÁNDOSE de la OTRA por la inapropiada PROPUESTA que recibió de su PROFESOR de guitarra y por el inapropiado ARREPENTIMIENTO que ella tuvo después de RECHAZARLO. Sin embargo, al ir más LEJOS, pensé en el HORROROSO tormento que debe ser el hecho de PADECER esa ADICCIÓN y cuán DEVASTADOR es soportar la ABSTINENCIA. Finalmente, terminó por CONVERTIRSE en una HISTORIA que dice POCO, pero de la que se deben inferir MUCHAS COSAS. Más DETALLES dentro del relato... ¡Espero que lo DISFRUTEN!
Música de fondo: "Sixteen Tons" de Tennessee Ernie Ford
¡¡Nos leemos pronto!!