—Cierto... —aguardé un segundo, pensativamente— ¿Y así, entonces, saliste de dicho alma para ingresar en otro en los próximos viajes? ¿Tan mágico como suena?
<<Sí>>
—Excelente, muy buena historia, de verdad. Pero, no sé. ¿No crees que las explicaciones se complican cada vez más? —Ay no, yo y mi desconfianza. ¿Por qué tuvo retomar tan pronto?— ¿Evolución celular? ¿Desmaterialización? ¿Entrada ilegal a auras ajenos? —Y aquí viene el cinismo— Me parece todo sacado de una mala película de ficción. ¿Qué dices?
<<Que el acto de dudar conlleva tanto a resultados positivos, cuando se sospecha de quien se debe, como negativos en el momento en que se pierde la confianza en la sinceridad. Sin duda alguna, cada aclaración, detalle y hasta en lo más mínimo de nuestras respuestas hemos sido honestos. No deberías, por tanto, dudar de las confesiones que hemos compartido contigo. Son sinceras, comprobadas tras años de experimentos y ciertas al punto de profesarlas como verdades absolutas, a pesar de que la verdad siempre es relativa>>
—¿Lo ves? —solté rápidamente, sosteniendo con ello una firme razón que contrarreste su argumento— Primero dices que es absoluto y después relativo. ¿Cómo pretendes que les crea si cambias de palabras como cambias de versiones?
<<Debido a que no estás calificada para apelar en contra de nuestras versiones. No posees evidencia ni demostraciones opuestas que muestren falsedad por nuestra parte. Solamente es tu débil inseguridad frente a los hechos concretos que hemos estado enseñándote>>
—No es débil para nada, es qu...
<<Los relatos son reales, vividos para contar. Nuestros organismos, complejos y especializados en su función, fueron concebidos de ese modo para cumplir con su destino y bajo las directivas de fuerzas superiores que nos manipulan y dominan. En absoluto, no corresponde a una falacia que inventaríamos, dado que sería inmoral engañar utilizando conceptos foráneos que no comprendemos. En otras palabras, no existe razón por la que quisiéramos mentirte>>
Wow, primera vez que me interrumpe. Asombroso.
—Eh, bueno. Pero, ¿qué tal si uste...?
<<Considero que tu vacilación se debe a un motivo que no estás explicitando y que estás ocultando tras la excusa de "Desconfiar de la veracidad de nuestros orígenes". En ese caso, creo prudente que deberías charlar tus problemas con algún profesional en el área, un psicólogo tal vez. Él podría darle fin a la constante desconfianza que derramas sobre cada uno de los acontecimientos que ves y/o escuchas que desafían los límites de tu zona de confort. Prácticamente, dudas de todo lo que te rodea. No es ni cerca de favorable aquella actitud. No para ti, mucho menos para nosotros. Estaría frustrando nuestros planes de dejar descendencia sobre el trabajo que realizamos, el cual te hemos encomendado escribir acerca>>
No mames, ¿segunda vez?
<<Por otro lado, si deseas profundizar en los cambios que obtengas del especialista y aplicarlos al día a día, resultaría apropiado que compartieras dichos temas con la gente de confianza de tus alrededores. Familia y amigos deberían de enterarse de tus asuntos. Tratarlos con delicadeza, resolverlos, acordar una solución que beneficie a ambas partes. De ese modo, se concluyen ciclos de emociones, traumas, crisis y etapas. Madurando del pasado, enfrentando al presente y creando un futuro mejor para...>>
—Ya ya ya. No te pases de lista y tampoco me vengas con aquella basura emocional de cerrar ciclos y de vivir el presente y de ser abiertos en cuanto a lo que sentimos y bla bla bla. Es pura basura comercial y para gente privilegiada. No para cualquiera —suspiré con fuerza, molesta—. Además, ¿me dejarás hablar en algún momento? Tengo bastantes cosas que decir. Ya sé que están preocupados por sus amados escritos, pero descuiden. Haré mi trabajo. El que sea desconfiada, no significa que voy a fallarles adrede. Tengo mis stops. No necesito que me sermoneen con tanto palabrerío amenazador.
<<De acuerdo. Y, por lo tanto, ¿cuál es la razón para ser una desconfiada responsable?>>
—Ja ja ja. ¡Que graciosa! —bromeé—. Ahora haces chistes. En fin, no debería ni por qué contarte esto, aunque no importa. Dudo volvamos a vernos después de esta noche... Whatever, la cosa es así. Yo desconfío de todos. Es algo que me sale natural, como si viniera adherido a mi cuerpo en forma de un tercer brazo o un sexto dedo. Literalmente, desconfío de todo todo todo. Ni siquiera suelo creer en los cumplidos que recibo o en cualquier interés que muestren en mi vida. Ya sabes, ese tipo de preguntas en las que desean saber cómo andas, cómo van los estudios, cuáles son tus propósitos a futuro o en la próxima hora o en los próximos cinco minutos. Me parecen tan falsas. ¡No les interesa una miércole mi vida! Solo las hacen por hacer, porque tampoco se esfuerzan en oír la respuesta si uno la da. Malísimo.
<<¿Y acaso tú no actúas de igual forma con los otros?>>
—En algunas ocasiones sí. Por eso conozco la falta de atención que prestan. Es cordialidad, a veces, y en otras es porque se sienten inquietos frente a mi o su silencio y no sé, se aburren. Me hacen preguntas tontas para romper con la timidez. Cosa que no funciona, ya que son monosílabos lo que contesto. Aunque, en la mayoría de las veces, cuando yo les consulto algo es debido a que realmente estoy atraída por su vida o lo que tengan que decir. Soy una chusma, ¿qué quieren que haga? —me reí sola—. Pero una consciente. No voy esparciendo por ahí lo que me cuentan, sino que lo uso de inspiración para cuentos. Amo conocer las historias de los demás y creo que todas deberían ser relatadas.
<<No obstante, no hallo cuál es el motivo para que estés tan convencida de que no les interesas en lo más mínimo. Existe la posibilidad de que a ellos también les carcoma la curiosidad el saber cómo vives a diario y los gustos que te representan. Confío en que la totalidad de las personas con las que te rodeas no está compuesta exclusivamente de frialdad e individualidad. Probablemente, deben de poseer ciertas cualidades empáticas y solidarias que ignoras. Nadie es solo pura insensibilidad>>
—No lo sé. Tal vez no al 100%, eso ya sería una pared de hierro, pero sí puedo adivinar el nivel de imperturbabilidad que hay en cada uno con solo hablar con ellos. Así soy capaz de decidir si vale la pena ser abierta o no con sus mini cerebros y su posterior reacción. Es toda una habilidad —me jacté—. Aunque no ocurre inmediatamente, por supuesto, sino luego de establecer la primera charla con esa persona. Allí, descubro más aspectos de su personalidad, gustos, anhelos, defectos a mi parecer y con eso logro formarme una imagen de lo que son. Por consecuente, ya sé qué les molesta, lo que no soportan, lo que considerarían infantil o cuanto me subestimarían si digo tal o cual cosa. A partir de esa data, es la forma con la que me relaciono con ellos. Si soy más seria o más suelta o malhumorada. Sencillito.
<<De acuerdo. Tiene sentido si lo dispones de esa manera. Adaptarse a la situación y a los individuos que vienen incluidos en ella. Diría que es un acto propio de la inteligencia más que de la desconfianza. Sin embargo, me supone que posees mayor cantidad de casos que ejemplifiquen las extremas dudas que nacen de ti. Otros métodos que te ayuden a detectar los puntos críticos o banderas rojas por los que es pertinente desconfiar, según tu sensible instinto de recelo. Causas debido a las que te has convertido en ese tipo de persona>>
—Obviamente.
<<Perfecto, entonces déjame ponerte a prueba oyendo el siguiente relato. Dime si dudarías o no y sobre qué elementos pondrías una advertencia que dicte "Cautela">>
—Challenge aceptado.
¡Esto se puso picante!
A continuación comenzó por contarme una historia que, irónicamente, terminé por titularla "Alimentación saludable".
.........................
Querido diario:
Tengo tres manías. Lo he descubierto recientemente. Una es el lacio de mi cabello. Toda la vida, y desde que era una niña, he tenido pelo lacio. Y lo adoro con entusiasmo. Es una de esas cosas que amo con tanta locura, que no me importaría perder casi por completo mi dinero con tal de mantenerlo. Es más, me beneficiaría increíblemente si pudiera invertir gran parte de mis riquezas en conseguir mejores productos para éste. Si ya ahora me resulta una obsesión la idea de mirarme al espejo cada media hora para admirar mi perfecta apariencia, imagínense con la ayuda de shampoos y cremas profesionales. ¡Deslumbraría a cualquiera con mi incomparable belleza!
Esa es una de las ventajas del cabello lacio y del mío, en especial. Me permite una absoluta e infinita versatilidad de looks a la hora de peinarlo y conseguir un look casual y elegante. Sin embargo, no siempre se encuentra totalmente colaborativo con mi bienestar. Por ello, utilizo productos como el nuevo TRESemmé Between Washes Style Refresh All-IN-1 Styling Spray. Dicho frasco de estilo versátil, ofrece muchos beneficios que son capaces de alisar el cabello hasta la siguiente lavada. Incluso, doma los pelitos rebeldes, retiene y sella el estilo lacio, hidrata las hebras y las protege del calor.
Por otro lado, si deseo permanecer con el pelo planchado, utilizo una crema llamada Factor Iron Shine Spray. Este suero me facilita el estilo y lo sella por días. Su atractivo radica en que se puede aplicar sobre el cabello seco o mojado. Aquello facilita el acabado lacio y colma las hebras de mucho brillo, además de proteger el cabello del calor y resistir el frizz. Por último, si la suerte me favorece y logro ahorrar el dinero suficiente, compro en la farmacia cerca de mi casa el tan famoso Acondicionador 3-Minute Miracle Liso Extremo. Elaborado con extracto de seda, aceite de almendras y Pro-vitaminas; ayuda a alinear cada hebra del cabello y a dejarlo extremadamente liso.
Dado eso, ya saben lo que dicen. Pantene con su fórmula multivitaminas, nutre el cabello desde la raíz para que crezca largo y fuerte hasta las puntas. Así pues, mi extenso y negro cabello permanece impecable ante cualquier situación. No importa si estoy durmiendo, cocinando fiambre o limpiando el desastre que causé al rebanarlo. El glamour va por delante de todo. Incluso, les puedo asegurar que nunca me verán ni despeinada ni con aspecto sucio. Ni siquiera una mota de polvo verán cerca mío. Y esto se debe a que soy fanática del aseo. Cualidad que nos transporta a mi próxima manía: La limpieza.
Disfruto de ordenar mi habitación, limpiar los muebles, pasar la escoba, lavar la vajilla, filtrar el agua de la pileta y cortar el césped. Cualquier tarea, la que sea, que implique trabajo manual y una recompensa visual, la acepto sin dudar. Pues, detesto encontrar suciedad escondida bajo la silla o grasa adherida en las ollas o telarañas en los rincones de las paredes. Es totalmente desagradable. Por lo que, además, interfiere en mis asuntos. No puedo realmente concentrarme en atender a mis sedentarios amigos, cuando veo cruzar ante mis ojos un bicho volador o una brizna de polvo. ¡Me desestabiliza! Surge en mí, la necesidad de limpiar. De asesinar al insecto, desinfectar la zona en que estuvo y sacudir un plumero en los lugares donde cayó la tierra.
Tal como la anterior, para esta manía, también poseo los productos apropiados, los cuales compro por mayor en el supermercado. Por ejemplo, uso Raid como veneno contra cualquier parásito que vuele o tenga más de cuatro patas. Ya que, sino los mato pronto, comienzan a alimentarse de la comida que dejo colgada en ganchos en mi patio exterior, durante la noche. Y es repugnante. Pudren los bifes antes de que siquiera pueda saborearlos. Por otro lado, utilizo Blem, un lustra-mueble muy conocido, para asegurarme de que cada superficie de madera en mi hogar, brille. Y por supuesto, sirve igualmente para quitar las manchas indeseadas que dejan mis asustadizos compañeros al correr cuando no deben.
Con mi última adquisición, una Escoba Mopa con Balde Centrifugo y Repuesto Limpia-Pisos, me siento la reina del mundo. Si unimos esta nueva herramienta con una mezcla de dos de mis soluciones favoritas (Poet, un desodorante piso y
Ayudín, una lavandina líquida), obtendremos el kit infalible contra gotas de plasma esparcidas por allí, en el suelo y en las ventanas. Gracias a la moderna tecnología con la que cuenta, soy capaz de llegar hasta los espacios más recónditos e invisibles para el resto, pero visibles para mí. Un caso es el extractor de mi cocina. A menudo, suele salpicarse mientras estoy trabajando con la feteadora de carne. Y esto, sumado a un largo plazo sin higienización, provoca manchas color marrón oscuro difíciles de quitar.
Por tanto, tengo que estar muy atenta a cada rincón de mi casa, pues no puede quedar al descubierto ninguna evidencia, digo, ninguna mugre. ¡Odiaría que pasara! Sucede que, la imagen tanto de mi cabello como de mi propiedad, debe lucir perfecta y atractiva. ¡Limpia por sobre todo! De ese modo, atraigo a las visitas. Varios de mis amigos y conocidos me han felicitado por ser una excelente anfitriona. Por atenderlos bien, ofrecerles refrigerios a cada rato, proporcionarles un lugar para divertirse y, en especial, por brindarles una hermosa e impecable propiedad donde morir, digo, dormir. Perdón, me confundo mucho con las palabras.
La cosa es que me aman. Aman venir a visitarme, contarme chismes, reír conmigo, disfrutar de una hermosa tarde de verano en la pileta. ¡Espléndido! Llegan a mí como desesperadas hormigas en busca de entretenimiento. Y vaya que lo encuentran. El cronograma que más o menos sigo, es el siguiente: Primero, los cito bien temprano, alrededor de las diez de la mañana. Desayunamos, conversamos un poco y coloco algo de música para aumentar la alegría. Más tarde, almorzamos y nos zambullimos en el agua. Bebemos, miramos películas, contamos chistes y, exactamente, a las seis en punto los invito a jugar a las cartas. El "Truco" es mi especialidad. Por cada vez que pierden, yo gano una extremidad más de sus cuerpos.
Obviamente, esto nos trae a la tercera manía que me aflige: Los misterios. Gozo de programas como CSI Las Vegas o Mentes Criminales. Me llama la forma en que resuelven crímenes y cómo los encaran. Siempre los resuelven, atrapan al culpable. Actividad que nunca han hecho conmigo. Verán que, cuando mis amigos empiezan a dar su vida por perdida, huyen. Algunos corren y resbalan por los bordes de la piscina, donde termino por ahogarlos. Otros se intentan defender con los cuchillos de las alacenas y fallan. Los apuñalo en su lugar. Los más valientes se suicidan bebiendo de mis insecticidas y productos de limpieza. Aquellos son los más respetuosos con el aseo. Hubo una vez, una joven en específico, que se ocultó en el horno y la cociné. Tal como se cocina un pollo o unas costillas.
Así entonces, como amo los misterios, me quiero convertir en uno de ellos. Siendo la propiedad viviente de las desapariciones juveniles. Después de venir aquí, nadie nunca sale y es encontrado. Tan sólo queda la memoria de sus nombres en el noticiero del domingo, con manifestaciones de odio hacia los supuestos asesinos seriales. Incluso, y si los policías vinieran a registrar mi casa, no hallarían ninguna pista que me inculpe. Debido a que soy una chica muy sana que se alimenta con grandes cantidades de carne y verduras y no desperdicia ni un gramo de sus invitados. Una absoluta dieta balanceada...
En fin, demasiado tiempo escribiendo. Ya debería empezar a prepararme. Dos de mis mejores amigas, Marti y Prisci están por llegar. ¡Qué emoción! ¡Me espera un delicioso festín!
.........................
—Ehh... a ver, ¿cómo puedo decirlo sin ofender a la joven protagonista de la historia? —reflexioné sin verdaderamente reflexionar lo suficiente. Era solo para fingir intelectualidad— No. En definitiva, no encuentro otra forma. Sin pelos en la lengua, afirmo que era una maldita loca desquiciada caníbal de humanos des...
<<El término correcto es antropofagia humana>>
—Bueno, eso. Se entiende de todos modos. ¡Una demente! O sea, ¿cómo rayos hacía para cortar un cuerpo humano completo y comerlo? ¿Y los huesos qué? ¿Es que tenía estómago de dinosaurio para digerirlos también? ¡¿Y el pelo?! ¡¡Que asco!! No me imagino lo que debe haber sido contemplar todo eso mientras aguantabas las ganas de vomitar. ¡Espantoso!
<<De hecho, jamás visualicé de ningún modo el proceso de mutilación, procesado o alimentación. Cada palabra que he narrado ha sido lo que leído del diario que guardaba en la mesa de luz de su habitación. Un cuaderno escrito hasta en los bordes donde se relataban las aventuras diarias de su vida, fechadas y decoradas con dibujos trazados a tinta azul>>
—¿Un diario? ¿Hablas en serio?
<<Sí. Fue una de las primeras pertenencias que hallé tras arribar a su casa, incluso antes de toparme con ella. El cajón estaba semi abierto, la tapa roja se asomaba culposamente. Lo tomé y leí varios escritos. El último databa del cinco de mayo del 2019. Lo memoricé. Así como expresas, concluyó en una traumática experiencia el de enterarme de tales pecados por parte de mi copia. Una atroz confesión de sus crueles crímenes cuya gravedad me hizo querer retroceder en mi misión. Lo cual, realicé. Abandoné inmediatamente su hogar sin siquiera continuar con la vigilancia de lo que comprendía averiguar de su presente. Su monstruosidad sucedió ser demasiada para leer como para, además, observarla cara a ca...>>
—Espera, ¿qué? No te sigo. ¿Estás diciendo que te fuiste al demonio después de apenas leer un poquito de su diario? ¿Qué te asegura que haya sido cierto si ni lo viste?
<<Exacto, lo sé. Por ello, ¿me creerías si admitiera que nunca conocí adecuadamente a mi copia, sino que me conformé con el primer atisbo de realidad que percibí de su vida y que, ciegamente, establecí que aquella sería su verdad y por la que yo definiría las características de mi otro yo dentro del tercer universo?
—No —negué acompañando con una carcajada bendecida de cinismo—. Aunque calculo que eso no importa. Pues lo hiciste. Pero digo, ¿no te pusiste a pensar que pudo haber sido un cuento? ¿Tal como lo serán lo que ustedes me cuenten? Era un simple librito que incluía cosas y que esas cosas perfectamente pudieron haber sido creadas por su imaginación. Historias. Tal vez fue ideado con el propósito de ser un diario en el que la protagonista escribía sobre sus crímenes y luego cómo le huía a cada ocasión que intentaran atraparla... Es una buena opción.
<<No obstante, es muy subjetivo el hecho de tomar el cuaderno como una plataforma para plasmar relatos. Afirmas aquello debido a que desconfías de su veracidad y de la ferocidad diaria que aplicaba sobre sus amistades. Por tanto, debes ver que...>>
¿Qué le dijo un ganso a otro ganso? V de venganza. Me interrumpes tres, te interrumpo tres.
—Es mucho más que evidente que es un cuento, diría yo. Fue escrito con ese propósito y te lo puedo demostrar.
<<Adelante>>
—Si estudiaras literatura y su análisis, descubrirías que dentro de la estructura interna de cualquier relato existe una categoría llamada "Indicios". Son palabritas o frases que hablan de la acción, de lo que va a pasar. Intuye lo siguiente. Y si dices que lo memorizaste tal cual como estaba, es fácil detectar las zonas donde se usó ese recurso. Por ejemplo, cuando habla de cocinar fiambre, rebanarlo o colgarlo en ganchos. Sumando, incluso, a la parte en que define a sus amigos como sedentarios y dormilones. O sea, estaba super clarísimo lo que pretendía desde un comienzo. ¡Es un cuento sin dudas! Y, por supuesto, si quieres otra razón, la actitud de maníaca compulsiva con la que fue descrita deja pistas bastante obvias para que el lector desconfíe. El amor a la perfección, la locura por la limpieza, la pasión por los crímenes son indicadores exageradamente visibles de que está loca y es psicópata y una potencial asesina en serie.
<<Lo comprendo. Acepto tus argumentos, bien desarrollados por cierto. Además, cumpliste con la consigna que te di de identificar los puntos débiles de la trama por los que se podía desconfiar. Acertaste y hasta te pasaste. Aún así, sigo manteniendo mi opinión respecto de la seriedad de su confesión. A mis ojos, la ficción allí es nula. Todo es auténtico. Sin embargo, ninguna de las dos jamás podrá testificar con la verdad absoluta de quién era ella. Real o falsa su historia, nadie lo sabrá. Procederá como un misterio, por y para siempre.
—Eso no te lo puedo negar. Como tampoco, lo interesante y genial que se volvió este mini reto. Bueno, para mí lo fue. No creo que lo haya sido para los pobres amigos de ella que fueron engañados para convertirse en filetes a la parrilla. ¡Par de tontos! Debieron de dudar de su inmediata locura. ¡Se le notaba hasta en el carácter arrogante y superior!
<<Sucede que las apariencias engañan... Aunque eso lo verás en el cuarto relato>>
