Tranquilo, te lo explicaré todo muy pronto. No
quiero que sufras en ignorancia mi ausencia durante las clases de Literatura y
pienses que te abandoné adrede. No. Si me desaparecí, fue por un bien mayor. Un
bien que me venía privando desde hace tiempo. Por miedo, principalmente. Aunque,
ya no más. Me decidí de una vez por todas a vivir mi felicidad de la mano del
amor, el único espacio en donde me siento querida... Hoy es domingo, mañana por
la mañana te llegará este correo. Espero que lo leas con cuidado. Yo, para ese
entonces, estaré muy lejos y feliz. Muy feliz. Huyendo de los crímenes
cometidos y en busca de nuevos. Trataré de no extrañarte tanto.
Todo comenzó la semana previa a iniciar la
facultad, durante la estadía en el camping de Mayorca. ¿Lo recuerdas? Charlamos
hasta muy tarde en la noche, casi de madrugada, sobre la vida, los miedos que
nos preceden, los errores voluntarios, la pasión que nos mueve a escribir. A
punto de finalizar, nos vimos importunados por la aparición de un hombre salido
de la oscuridad. La extensa zona del descampado, iluminada por casuales
bombillas blancas, se mantenía bajo un silencio sepulcral roto por nuestras
voces. El camino al baño era aterrador, mucho más era el de la entrada a la
propiedad. De allí mismo, salió esa presencia que nos puso los pelos de punta.
Nos saludó al pasar y se perdió entre los árboles de la zona más oscura, de
donde comenzaron a oírse gritos e insultos aislados. Rápidamente, me metí
dentro de mi propia tienda. Unos minutos más tarde, hiciste lo mismo. Aun así,
los hilos ya habían sido movidos.
Nada sucedió hasta esa siguiente ocasión en que
nos volvimos a reunir de noche con un grupo de extraños de la facultad a ver
una película. Una de las profesoras había ofrecido su casa para que estudiantes
de años avanzados visualizaran un film idóneo para el desarrollo del examen
final. Los nuevos, también habían sido invitados. Una producción japonesa
acerca de un niño que escribía haikus y una niña que odiaba los brackets
de sus dientes parecía ser el plan perfecto para un miércoles por la noche. A
las nueve, las calles ya se hallaban desiertas. Muy poco movimiento de autos.
Por ahí, un par de jóvenes caminando a velocidad queriendo llegar a los
boliches antes de que la brecha gratuita cierre. Con el cielo negro y las luces
de los locales apagados, la única luminaria existente era la de los faros de la
municipalidad. De todos modos, quedaban zonas opacas. Por la ubicación de la
vivienda, ni las moscas se animaban a volar.
El timbre no funcionaba, por tanto, la
organizadora del evento nos esperaba en la puerta. Un departamento viejo, pero
cómico. La escalera caracol era típica de castillos antiguos. Las paredes de
piedra de la misma estaban rayadas con dibujos de animales y caligramas.
¿Notaste el retrato de esos ojos al final del recorrido? Eran idénticos a los
de ese joven hombre y miraban solamente en mi dirección. En la lobreguez del
ambiente, apenas si se podía distinguir al resto de las visitas de entre las
pilas de libros viejos y las sillas con recipientes de palomitas de maíz en cada
una. No fue hasta que encendieron algunas lámparas, que pude apreciar el
trabajo que él había hecho. Bajo la mesa que sostenía el proyector, hallé una
figurita de acción de Gokū. Y otra de Vegeta rumbo a la ventana de persianas
recogidas.
Su presencia fantasmagórica me observaba desde la
vereda opuesta. Al instante, te pedí que la cerraras porque entraba demasiado
frío del exterior. Luego, al finalizar la película, todos agradecieron por la
invitación y salieron con destino a sus casas. Nosotros esperamos en la plaza
Santa Joaquina a que tu papá llegara. Me encontraba inquieta, como con hormigas
en las piernas, y no podía parar de dar vueltas alrededor de la estatua
principal. Casi enloquezco sentada tanto tiempo en el auto. Mis pies ansiaban
dirigirse hacia el lado opuesto de a donde me llevaban. Una vez que el motor
arrancó del frente de mi portón y los vi doblar en la esquina, terminé por
decidirme. Retomaría el camino al departamento y lo buscaría.
Recuerdo que una sola vez me sentí tan atraída
por alguien. Tenía cinco años y me gustaba un compañerito de jardín. Actuaba
sin pensar a su lado. Juraría haber oído mi voz temblar al entablar una
conversación con él. Era magnífico o así mis ojos lo veían. Cabello lacio
sobre el rostro, lunar en la mejilla izquierda, labios finos y puntiagudos.
Después creció y la totalidad de su agradable personalidad mutó en actitudes egocéntricas, el carácter de alguien a quien la fama se le subió a la
cabeza. Siempre fue el favorito de todas, tanto de alumnas como de profesoras,
por eso transcurrió su niñez como anillo de oro a la venta entre una multitud de
compradoras adineradas dispuestas a lo que sea con tal de adquirirlo para ellas
solas. Yo no era nadie para él, muy pobre como para participar en la subasta.
Lo olvidé al cabo de unos años.
A partir de ello, mis enamoramientos fueron
menos intensos. Amores pasajeros que duraban días. Desencantos. Excepto por este último.
La pasión que él me genera es nueva, es incontrolable, es adictiva. Lo amo,
sin lugar a cuestionamientos. Resulta que nunca te lo dije, pero volví a
encontrarme con él. Varias veces, de hecho. Y yo, bueno, se lo permití. Había
algo en él que me decía que nuestras almas estaban más que unidas. El
"beso de la muerte" él lo llamó. Una caricia de labios que selló nuestros
destinos. De allí en adelante, me explicó, su presencia me acompañaría por
detrás en cada paso que diera. Inmediatamente, me alegré. El saber que me había
elegido de entre todas las opciones disponibles me hizo sentir, por primera vez y desde que tengo memoria, especial. Y no me importó lo que aquello
conllevaría.
Perdón. Sé que es decepcionante de mi parte esto de enamorarme de un espectro. Sin embargo, no estoy dispuesta a soportar los
juicios de los demás. Mi amor es mi amor y para alguien que jamás lo había
conocido, no existe barrera ni argumento que me obligue a deshacerme de él. Su
halo negruzco, tan poderoso y opaco, es único en su tipo. Más invasor que
cualquiera que haya visto antes. La oscuridad perfecta que mi brillante luz
estaba requiriendo. Él me inspira miedo y coraje, poder y debilidad, locura y
sensatez. Haría lo que fuera por él. El mundo le entregaría si con eso me
ganara el derecho de admirar su enorme sonrisa de dientes afilados, arrugada
por los bordes y bajo las oscuras ojeras dado el exceso de piel que sobra de su
cara. Su esclava me convertiría si con ello pudiera revivir la brasa de sus
mejillas enardecidas que marcó de rojo mi memoria en aquella ocasión en que
asesiné a nuestra primera víctima. Lo vi encenderse de gozo. Me vi, a continuación,
siguiendo sus órdenes.
Su melódica voz, que se asemeja a la dulce
armonía que utilizó el flautista de Hamelín con los niños del pueblo, danza a
mi alrededor en incontables vueltas que terminan por convencerme de sus
estrambóticos pedidos. A él le gustan los tajos finos y largos para su larga lengua. Así, puede escarbar bajo la dermis de las víctimas y absorber
hasta la última gota de sangre, mientras estos permanecen despiertos y aterrados
de observar en vivo y en directo cómo son desangrados por una bestia inhumana
hasta quedar sin aliento. En tanto más se alimenta, más visibles se hacen sus
rasgos mortales. Un muchacho de dieciocho años con un apetito peculiar que,
actualmente, ya comparto con él. Bebemos del mismo suplemento, nos convertimos
en el mismo tipo de monstruo y, de esa forma, nos hacemos felices mutuamente.
Porque, finalmente, hallamos a esa dichosa media naranja que siempre hemos
estado buscando.
No espero que entiendas mis razones ni que las
aceptes como justificación. No me enojaré por eso, tampoco.
Gracias por tu amistad, Lauti. Algún día nos
veremos de nuevo.
Adiós.

El link del video de presentación que Dailymotion no me permitió subir:
ResponderEliminar--https://drive.google.com/file/d/1IxBrrUBiLWecTofz89wjLJVzUMpC2jsF/view?usp=sharing
¡Cuánta PACIENCIA me tuvo mi AMIGO Lauti! Siempre era el PRIMERO en leer todas mis HISTORIAS y comentarlas con OJO de estudiante de LETRAS. Hasta lo CONVERTÍ en PROTAGONISTA de algunas de ellas, gracias a las ESTRAMBÓTICAS ideas que tenía y a las INNUMERABLES anécdotas que CONTABA sobre sus años en SECUNDARIA. ¡Lástima que ya NO va CONMIGO a la FACULTAD! Se le EXTRAÑA mucho. Más DETALLES dentro del relato... ¡Espero que lo DISFRUTEN!
Música de fondo: "Ghost Of You" de Five Seconds Of Summer
¡¡Nos leemos pronto!!