<<El quinto universo, el cual inspeccionamos previo a venir aquí, fue distinto y apropiadamente absurdo como lo es nuestra vida. De una realidad tan aberrante como comprensible. Irrefutable en sus argumentos. Sin embargo, detrás de tanta ridiculez, terminé hallando un mensaje del más inesperado. Una enseñanza que sólo la inocencia de los niños nos puede brindar. Ellos, en su forma tan sincera de expresarse, despreocupada, concluyeron por darme una lección de la que llevaba esperando por aceptar hacía bastante tiempo. Seguido de la simplicidad con la que piensan sobre el mundo que los rodea o la facilidad con la que solucionan los problemas que a otros les parecerían complejos e imposibles de resolver; aquella pequeña niña se desprendía de sus conflictos internos con la naturalidad con que un jovencito se desharía de los juguetes ya viejos y gastados. Reflejando una parsimonia implacable, tomaba las crisis que la perseguían, las ingresaba en una bolsa de desechos y la arrojaba al tacho. Sin problemas ni remordimientos, justo como si acabara de tirar la muñeca sin pelo que tenía de años>>
—Espera, ¿qué? No entendí. ¿La quinta historia se trata de una niñita con crisis de juguetes o qué?
<<No. Los inconvenientes que la acechaban eran reales, graves y similares a los míos, por no decir iguales. No obstante, la vi resolverlos con una espontaneidad ingenua y pura, propia de la mentalidad de una niña. Sin traumas ni gritos ni peleas. En silencio, desinteresadamente, sin preocuparse demasiado. Observarla por aquel corto tiempo en la habitación de su casa, a los pies de su cama y rodeada de una abundancia de peluches mientras les contaba un breve cuentito sobre su vida, hizo que mi estabilidad se tambaleara frente a la seguridad y firmeza con la que hablaba. Relataba las dificultades que la acontecían sin dolor, sin rencor. Como un cuentito, en verdad. Y fue en dicho instante en que se deshizo de sus dilemas. Los cortó con unas tijeras imaginarias y continuó viviendo su alegre existencia. El relato finalizó del mismo modo que sus problemas. Luego de eso, con la vida solucionada, se dispuso a ordenar los muñecos en los estantes correspondientes, lugar donde permanecerían acumulando polvo hasta que ella decidiera guardarlos o regalárselos a sus primas más chicas >>
—Ajá... muy fácil, ¿no? Pero entonces, ¿cuántos años tenía y que tipo de inconvenientes poseía? Si eran así de "extremadamente fáciles" —realicé las comillas con mis dedos.
<<Doce años y ya demostraba conflictos de autoestima y crisis de identidad, aunque no voy a revelarte más detalles por adelantado de su "cuentito de vida", pues sería una lástima estropearte el final de su historia y la manera en que resolvió todo. Narrado de forma aniñada, resuelto de forma aniñada; se despidió de sus días de niña y se introdujo en los dilemas que inician en la pubertad con otro tipo de mirada. Una sabia, experimentada, paciente para sobrellevar el peso de ser ella misma. Con unos ojos audaces que desearía poder conseguir. Con la clave para el éxito>>
—Eh, está bien. Parece misterioso y poético, supongo. Dime de una vez de qué se trata.
En base a la escasa claridad del orden de eventos que me brindada, lo titulé "Claridad Necesaria"
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Una vez conocí a una persona que estaba obsesionada con la mermelada. Su nombre es Clara y disfruta de mezclar dulce de frutilla con huevos fritos sobre un pan para el desayuno. Clara y huevos. Súper raro, ¿no? Tal vez, aunque no la juzgo. Ella es libre de alimentarse de lo que quiera pues, al formar parte de mi creación, me doy el gusto de construirla con cuantas peculiaridades y detalles ridículos desee. Es por eso que la amo. Es tan perfectamente imperfecta que no encuentro fallas en su forma de pensar, actuar, mostrarse al mundo y de soñar. Oh, sí. Tal como la científica loca que le dio origen, ella también debe poseer una enorme e increíble mentalidad soñadora y moralista. ¿Algo más? Es buena, muy buena, demasiado buena como para ser verdad, algunos dirían. No obstante, es cierto. Salió más buena de lo que hubiera esperado y me sorprendo siempre que hablo con ella. Sus tiernos saludos, la constante preocupación que derrama sobre cada persona conflictiva que conoce, la buena fe que les regala, sus sinceras sonrisas, todo eso y más; me provoca un asombro fuera de este mundo. ¡Dios! Ella asemeja vivir más fuera de este mundo que mi asombro.
¿Alguna vez conocieron a una persona tan pero tan deslumbrante que durante la primera impresión fue como si recibieran una cachetada de fascinación con esa primeriza mirada que compartieron? Y no hablo de belleza, atractivo u hormonas con un sexi chico/a que se cruzaron en la parada del ómnibus o en el kiosco de la esquina. Me refiero a plena fascinación por la figura que representan, por la forma en que trastocan tu manera de pensar y dan vuelta tus acomodadas costumbres; sean de una personalidad poco común, con un accionar despreocupado o con una visión de la vida muy compleja. Ese tipo de emoción que uno dice "Wow, quiero más". ¿Más de qué? ¿De la sabiduría que liberan con cada palabra que dicen? ¿De la montaña rusa de cambios psicológicos y de tradiciones que ofrecen? ¿De la ceguera temporal que causan en uno al caer trágicamente como fanático de kpop suyo? Sea lo que sea, quedamos tan impactados por su simple presencia que anhelamos permanecer a su lado y absorber su novedosa y aromática esencia tanto como seamos capaces.
De aquél modo, dentro de términos generales, fueron las sensaciones que padecí en mi primer encuentro con Clara. Una bofetada de encanto y obsesión hacia ella. ¿Pero cómo? se preguntarán, ¿no era ella una creación mía? Sí, por supuesto. Sin embargo, no de la forma que creen. Su vitalidad es para nada similar a la de un personaje de libro, vivo en papel y muerto en carne y hueso. Clara es real, como una persona y es realmente una persona. Vive en una casa con una dirección a la que todos pueden visitar, tiene familia y amigos y, aparte, consta de la fuente de diversión y conocimiento de la que me alimento cada vez que pienso en ella. Su proceso de composición fue tal parecido al que utilizan los niños muy pequeños al construir su amigo imaginario. Lo sueñan detalladamente incluyendo características, rasgos físicos, alergias, fobias, gustos, películas favoritas, sonido de su voz, nombre y apellido, historial familiar y algo más y luego se van a dormir. A la mañana siguiente, despiertan con la taza de leche que les preparó el amigo imaginario no tan imaginario. Sucedió, entonces, de manera inconsciente que mi enmarañada mente le dio base y altura y antes de que pudiera notarlo, ella ya existía y era gratamente famosa entre sus amistades, compañeros y en la vocación que le había asignado. Desperté descubriendo, en simultáneo, que Clara era un ser más en este mundo al que todavía no me habían presentado.
Escritura es su mejor golpe en la vida, aunque les diré que no fue por ello que llegamos a unirnos como amigas. Mmm, ¿cómo decirlo sin que suene rebuscado? Ella, en un inicio, fue una conocida de una amiga que ese momento no era, aún, mi mejor amiga que pero después sí; entonces pasaron a ser compañeras en un instituto de artes marciales al que iban juntas y se transformaron en amigas que, a su vez, se hicieron amigas de un grupo de chicos que gracias a la que, actualmente, es mi mejor amiga pude conocer en una juntada donde estaba ella y me la presentaron como una amiga de mi mejor amiga. Finalmente, después de tantos amigas de amigas, nos hicimos amigas y eso es lo que importa. La explicación anterior es innecesaria. Lo que sí, en aquella ocasión durante el cumpleaños de mi mejor amiga (aish, ya debería dejar de repetir tantas veces la palabra "amiga"), lo que percibí como prioridad en su apariencia fueron los mechones azul-morados que decoraban sus rulos. Se veían hermosos, dada la casualidad, que yo también me había teñido el cabello para la misma época. Ya un punto a favor. Por el resto, fue un saludo, nada más.
Más tarde, la relación se anuló debido al extenso lío de amistades de amistades que no pretendo volver a describir, por eso, transcurrieron un par de años hasta que el saludo pasó a ser más que un saludo. La gran temida e inesperada cachetada arribó en la casa de uno de los jóvenes anteriores, particularmente, a cuadras de su ubicación real. Lo cual, fue satisfactorio dilatar el tiempo con ella mientras la acompañábamos, sana y salva, a la seguridad de su castillo enterándome, además, que la distancia que nos apartaba no era mayor a unos quince minutos caminando desde mi hogar al suyo. ¿Casualidad? No lo creo. La vida es muy mala para ello, aunque la imaginación no. En fin, volviendo al tema del encuentro, un juego de mesa interminable risas, comida y compañía variada conformaron los complementos ideales para lograr conocerla mejor. A primera vista, se denotaba tímida y responsable, con un ojo pegado a la necesidades de otros, a actuar con simpatía y ayudar sin que lo pidiesen. Sirvió jugo en todos los vasos, llevó comida que ella misma compró y me enseñó a jugar al truco. Como expresé, una ternura de persona.
"Me cuestan las matemáticas" recuerdo que dijo a la hora de contar las ganancias al finalizar el juego. Tomé nota de ello. Aunque lo compensó con un "soy escritora" y un "soy abanderada de mi primaria". De acuerdo, es inteligente y segura de sí misma. No tiene miedo de afirmar ni de seguir el destino para el que fue creada. Ser escritora, un talento innato en ella. Vaya, la fortaleza con la que lo decía. Fortaleza y humildad. Sabía que era excelente en ello, a pesar de no presumir de sus habilidades. Hizo falta que oyera no más de uno de sus cuentos para comprenderlo. La complejidad de la trama, el uso de mitología y referencias a otros libros, la aplicación de diversos lenguajes, la felicidad con la que desentramaba los párrafos de su poco extenso relato sobre niños nacidos en las estrellas y metáforas respecto del escaso entendimiento de los adultos sobre el mundo de lo inexplicable; eran un fenómeno admirable de disfrutar. Los ojitos me brillaban de orgullo al visualizar cómo se desenvolvía en su ambiente, el paraíso de soñar, al oírla recopilar los datos de donde obtuvo la inspiración para semejante obra, al percibir, incluso, su propio orgullo hacia su propio trabajo.
Sin dudas, la convicción que presentaba al describir su método de trabajo, las historias que ya había escrito, la interesantísima novela que había dejado abandonada sobre unos chicos viviendo en una época muy retrasada en relación a lo avanzado que eran sus pensamientos sobre la forma de vivir en sociedad; generaban en mí las ganas de imitarla. Seguir sus pasos, ir a la par en el éxito de la escritura. Sin embargo, yo no poseía su mismo talento. El mío era soñar, crear con la mente, no escribir. ¿O sí? Tal vez a eso se debía. Cuando expresé que mis neuronas la habían inventado sin razón, tal vez me equivoqué. Sí existía una razón. Buscaba a alguien que cumpliera mis anhelos y, a causa de eso, la creé. Mi amiga imaginaria no tan imaginaria convertida en un ideal humano personificando la escritora que yo quisiera ser. ¡Alucinante...! A veces nuestro cerebro puede ser un verdadero misterio.
Luego de aquella mágica reunión, comencé a agruparme en sus juntadas más seguido. Veía a Clara en todos lados, hasta en la sopa de huevo. Compromisos en el parque, en su casa, en la de mi mejor amiga, cumpleaños, de suerte que no chocamos por la calle debido a ir caminando hacia lados opuestos de la vereda. Igualmente, no me hubiera molestado verme abordada con su bendecida presencia. Además de ternura, su rostro y personalidad se halla repleto de inocencia e ingenio, aclarando que no en el mal sentido. Sus intenciones son siempre buenas, trasparentes, considerando lo mejor en los otros y actuando de corazón. Con la bondad de dos niños recién nacidos quienes comparten juguetes cuando ni siquiera conocen el significado de individualidad. Así definí su humor al momento de originarla. Eternamente joven y sensible, generosa. Un dulce de leche del más empalagoso en vez de uno de frutillas. Ya que, de ese modo, sería probable de curarme los raspones cuando cayera de la bicicleta que estoy aprendiendo a manejar o alentarme cuando consiguiera pasar las finales en un concurso de escritura al que ingresé de casualidad.
De una manera u otra, su afecto sería regalado al exterior con tanta facilidad y cuidado que conformaría una reliquia de los dioses. Un saludo educado, una felicitación, algo de interés por la gente perteneciente a tu círculo de confianza, una súplica de verse pronto, un adiós amable. Así de sencillo entregaría amor y recibiría su abundante recompensa. Una lluvia de bendiciones de buena fe y alabanzas de parte de cada persona que la conoce. A todos les agrada, todos la adoran, todos quieren su nombre impreso en las invitaciones a reuniones. Aún así, y como le ha sucedido a cualquiera en cualquier ocasión de sus vidas, encontró en el pasado cierto tipo de amigos que no eran del tipo sinceros u honestos. La relación no iba bien con ellos y debió alejarse. Claro que aquello no afectó en su actitud hacia a la amistad ni a la solidaridad. Lo mismo que los problemas familiares que tiene y por los que ha sobrevivido a través de los años, no interfieren en la confianza y alegría que brinda al exterior. Creo haber oído, incluso, que ella no insulta. Sorprendente.
El único "pero", el único inconveniente o problema con ella es que una de sus cualidades se ha tornado excesivamente benigna al punto de convertirse en su defecto suyo. ¿Dije que era buena? ¿Buenísima? ¿Hablé de la impresionante fuente de cariño y afabilidad con la cuenta y de la que hace uso y abuso a diario? ¿Detallé lo suficiente la enorme capacidad de regalar sonrisas y cuidados que aplica hasta en extraños? Perfecto, pues es aquello lo que ha estado implementando conmigo desde el minuto en que nos conocimos. Lo cual es genial, fenomenal y gigantescamente útil para mí, sin superar determinado punto me gustaría afirmar. Sin embargo, aquella línea de separación no existe entre nosotras. Ella actúa con tal ternura y cooperación que no le importa cubrirme en las mentiras que realizo ni en la doble vida que llevo. Es tan buena que no le interesa introducirse en los terrenos externos a la sinceridad y pretender conmigo que el mal no existe. ¿Soy una asesina? ¿Ladrona? imaginarán, ¿Jackie, la destripadora? No, para nada. Clara me sigue el juego en los engaños que me hago a mí misma.
Porque si ella es pura luz, yo soy oscuridad. Una embustera. Lo admito, les he mentido todo este tiempo y con todo lo que les he dicho. Yo no creé a Clara, ella jamás fue mi amiga imaginaria no tan imaginaria, con ella nunca nos presentaron en un cumpleaños. Patrañas totales. La pizca cierta de verdad que sí comenté fue que ella sí es real, una persona de carne de hueso, no obstante, la tapé con la loca teoría de inventarla de mis sueños. Yo no la concebí, fue mi mamá durante su parto el día 27 de febrero de 2009. Es por eso, que mi nombre es Clara, yo soy Clara y nadie más lo es. Loco, ¿no? ¿Quién diría que soy la fan número uno del dulce de frutilla con huevos fritos sobre un pan? ¿Quién inferiría que soy una arrogante escritora que lleva escritas más palabras de las que ha dicho en su vida? Apuesto a que no esperaban este plot twist en la historia. ¡Ya que! No hay más claridad que esto. Soy Clara.
Solamente que, a veces, disfruto de hablar de mí en tercera persona, como si yo fuera alguien más a quien querer y venerar. Pues, de las completamente extravagantes cosas favorables que expresé sobre mí, no me creo ninguna. Yo no soy solidaria, atenta, educada, amorosa. No. Aquella es otra chica que, casualmente, posee mi mismo nombre. Esa es otra Clara a la que la mayoría adora y de la que, en ningún momento, dejan de apreciar. No confío en que yo pueda ser alguien tan especial en otros, directamente no lo soy. Por ello, la hermosa Clara de mis sueños me cubre en cada uno de los engaños que me hago, asumiendo ella todas las preciosas cualidades y adjetivos dulces para, así, permitirme amarla a ella y, en algún día de mi desastrosa existencia, amarme a mí. A fin de cuentas, si puedo con ella ¿por qué no conmigo?
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—Con que amarse era la clave para el éxito... Ya veo, aunque no termino de determinar si fue para ella o para ti. ¿Fuiste capaz de lograrlo?
<<¿Acaso alguna vez se termina de lograr algo, en definitiva? Según mi basto conocimiento en lo que respecta a la edad y al cargo de experiencias soportadas, uno jamás finaliza de cumplir una tarea o de cortar relación con cierta persona o de detener el torrente de nuevos datos que se aprenden a diario. Todo continúa, se repite y resuelve, repite y resuelve sin una señal de "Stop". Es por eso que el término "Lograr" no aplicará nunca a la situación que vivo. Siempre será un "Estoy intentando" hasta el fin de los siglos. Todavía no lo hago, tal como Clara, no obstante, lo intento. Fuerzo al límite la voluntad de cada minúscula neurona de mi cerebro para que la conexión que produzca sea beneficiándome, mental y físicamente, y no desbaratándome e insinuando modos de deshacerme de mí. Intento aceptar lo que soy y lo que jamás seré. Intento, pero no me pidas que lo logre aún>>
—En eso tienes razón, no lo había pensado —bufé a medio reír—. Aunque, apartando la seriedad del tema y si pudiera imitar a tus dichos diría que: "Como si el destino hubiera propuesto que la sucesión de hechos continuara de manera coherente, aquella niña constó de tu versión más odiaba e igualmente la más querida" ¿Estoy en lo correcto?
<<Sí. Como dije antes, la simpleza con la desarrolló cada uno de sus defectos transformándolos en cualidades fue tremendamente sorprendente para mí. Inspiradora. Pese a que inició con la mentira de una "Clara inventada", siendo que hablaba de ella misma en tercera persona, fue capaz de enfrentarse a su creación cara a cara y estrecharle la mano. Admitir que no la aceptaba, aún, como su igual pero que estaba dispuesta a hacerlo, a abrazar la totalidad de sus características fueran beneficiosas como perjudiciales. Y todo eso, gracias a la significativa narración que se dio a sí misma en compañía de sus mejores amigos de la infancia. No los imaginarios, sino los peluches. La representación más literal de su niñez. La representación más literal de yo abriéndome a ti para que escribas sobre mí>>
—Cierto, pero ¿sobre qué quieres que escriba? ¿Sobre ti o sobre el viaje que lograste a través de cinco universos o sobre la travesía que efectuaste a través de tus miedos y sentimientos? —sonreí— Sé que parecen ser lo mismo y no, cada uno es una capa tuya mucho más profunda que la anterior. ¿No te parece? Porque depende de ti hasta donde quieras que cuente.
<<Estoy segura que no debo repetírtelo nuevamente. Las órdenes de "Escribir lo que sea que te digamos" continúan. Por eso, habiéndome escuchado hablar alrededor de una hora y media, eres libre de relatar la cantidad que gustes del "todo" que oíste. A fin de cuentas, ese es nuestro propósito. Darnos a conocer. Dejar descendencia en forma de historias escritas de las aventuras que hemos tenido. No importa que tan sinceros o falsos nos hagas quedar, los acontecimientos prevalecen y deben ser explicitados del modo en que sucedieron. ¿Sí?>>
—Sí, lo entiendo. Y créeme que será un honor hacerlo. El crecimiento personal que has acarreado desde los inicios irrespetuosamente apresurados, soberbios y reacios a torcer el brazo con la flaqueza de tus versiones, hasta las confesiones de tus debilidades y actos de superación; han resultado idealmente estimulantes, inspiradoras y me han dejado orgullosa de ti, de las mujeres que te reemplazan allá fuera, de lo fuertes y valientes que son. Modelos a seguir. Personas con las que identificarse. Personajes a los que tratar en un libro. Honestamente, gracias.
<<Gracias a ti por comprometerte conmigo. Esto no esa despedida, ya que todavía restan mis dos hermanos>>
—Lo sé, aunque sí es un adiós a las jóvenes escritoras de tus relatos. Que sad, ¿no? Digo, con todos mis respetos, pero me da más tristeza que los cuentitos se acaben por el enorme contenido y material para escribir que me regalaban, ya que no tenía que ocupar mi imaginación sino copiar lo que me contabas; que todos los puntos débiles y nostálgicos que hemos discutido. Pese a eso, supongo que la verdadera lloradera vendrá cuando tenga que escribirlo y, bueno, sentirlo a través de mis dedos.
<<No exageres. Por favor>>
—Ja, no aseguro nada —. Dicho eso, vi por el destello brillante de la pantalla de mi celular que se movía de su lugar unos centímetros a un lado. Iba a las manos/garras de la hermana. La siguiente hora y media le pertenecería solo a ella y sus narraciones— ¿Y ahora?
Oí de su barrullo traducido un saludo.
<<Hola>>
—Hola —igualmente contesté.
