1,12) Relatos pasionales 1: La niña zombi

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<<Y por ello, podrían cortar con este intento de despedida triste para dejar lugar a mis relatos>>


  Era la interrupción del hermano. 


—Uh, esto se puso serio. 


<<Está bien. Cedo la voz. Aún no terminamos como para permitir que la melancolía predomine>>


  Esas fueron las últimas palabras de la segunda hermana, antes de que el traductor se concentrara plenamente en el otro. 


—A ver, soy todo oídos. 


<<Lo primero que debes conocer es mi esencia, ya sabes, esas características repetidas bajo las cuales nuestras copias se mueven e interactúan y que, por cuestiones de simplicidad, les asignamos una categoría. La mía es la pasión. Considero improbable que poseas dudas respecto de las razones que subyacen a dicho título. Amor, atracción, deseo y todo ese tipo de vaguedades van incluidas. ¿Prosigo?>>


—Eh, sí. Claro. Clarito como el agua. Ni una duda. 


<<En segundo lugar, mi personalidad, me veo en la obligación de definirla gracias a mis estimadas hermanas, es un tanto realista, como se adelantó anteriormente, aunque abierta a emociones y dramas amorosos. Después de todo, mis otros yo consisten en personas altamente sensibles y pasionales. Sin embargo, no apoyo por completo la burocracia emocional qua abunda en las vidas de ellos. Los problemas no requieren de tanta charla, sino de más acción. Voces apagadas, miedos inminentes, enojos y falta de comunicación son piedras innecesarias y patéticas en el camino del amor. ¿Me explico?>>


  A este no le pienso preguntar nada, ya veo que pierde la paciencia a mitad de la oración.


—Ajá. Tú continúa, no me consultes a cada rato si eres comprensible. Si surge algún interrogante, te enterarás. 


<<Perfecto. Directo a la historia. Hallarás que los acontecimientos relatados concuerdan con extraña precisión con los narrados por mi hermana en su quinto universo. Un mismo hilo conductor los une como si formaran parte de un solo cuento, lo cual, no tiene mucho sentido si hablamos de mi primer universo y el último de ella. Así que ahora procederé a explicarte un factor un tanto inusual en la historia humana y del que se ha abusado tanto en la cinematografía que, actualmente, consta de la fantasía base de cualquier persona>>


—Vaya manera de bajarme la moral antes de siquiera oír lo que es.


<<¿Decías?>>


—¡Nada! Escucho atentamente. 


<<Aquello de las almas gemelas no posee fundamentos en la realidad, ya que cada ánima es distinta y no existen casi posibilidades de que dos personalidades sean iguales. Descartado. No obstante, sí se puede encontrar a una pequeña cantidad de almas unidas por factores más allá de nosotros, del entendimiento mundano. Dice un antiguo proverbio tailandés que hay vidas ligadas a través del tiempo, conectadas por un llamado ancestral que hace eco a través de los años. Nacen de allí una multitud de teorías románticas y seudocientíficas hablando sobre el destino, el amor predestinado, la pareja perfecta, entre otros. Son divagaciones. Lo cierto es la leve unidad que presentan ciertas ánimas>>


  Preguntas cortas, paciencia limitada. 


—¿Y eso en qué consiste? 


<<Son almas que, a pesar de elegir sus vidas al azar, da la coincidencia que se reencuentran en algún punto de sus existencias y, en algunas ocasiones, repiten la historia que llevan reiterando eternamente>>


  Bien, no me ladró al responder. 


—Por supuesto. Como son las mismas personalidades actúan del mismo modo y terminan igual. 

 

<<Exacto. No importa la diferencia de universos ni las copias, siempre se...


—¡Espera! —chillé sin querer— ¡Perdón! Te interrumpí, pero se me acaba de prender la lamparita en algo. En el quinto universo, tu hermana y tú se reencuentran como ¿qué? ¿pareja? Lo mismo que en tu primer universo, ¿cierto? Y, en lo que se podría llamar un "Sexto universo", ustedes se reúnen como hermanos. ¡Súper loco! ¡Son almas unidas o ligadas o como se diga!


<<No realmente>>


—Pero, no. Se me descolocó todo. ¿No tendrían que haberse juntado en los demás universos también? En el número uno, ella habla con un gato. No contigo. ¿Por qué? 


<<Estás confundida. Te explico. Mi hermana y yo somos almas unidas, sin embargo, eso no significa que el reencuentro deba ser cara a cara o siempre el mismo. ¿Está bien? El cruce es inevitable, eso sí. Eso no cambia. Lo que varía es la manera y los resultados. Puede ser un cruzar de miradas en la calle, una venta de chicles en un aeropuerto o la relación de espectador-actor al observar una película o vídeo en la que uno de ellos sale. El choque se basa en pertenecer al mismo universo y verse, al menos, una vez. Mi copia y la suya pueden haber hecho eso en un instante breve de casualidad a lo largo de su existencia dentro de los cinco universos. Por lo que no hubo necesidad de que repitieran su historia>>


—¿Entonces?


<<En el primero, ella habla con un gato y yo estoy enamorado de alguien más, aunque eso no impide que puedan haberse visto de alguna forma. En el quinto, ella se halla en una relación y yo en otra. Nada impide nada. De igual modo que en el resto>>  


—Y en ninguno reiteran el pasado.


<<Correcto>>


—Mmm, sí. Sin embargo, no me termina de quedar clarito lo del hilo conductor.


<<A veces, el alma, al no poder localizar a su ligada, procura repetir la historia con alguien más. Alguien similar a lo que busca, cualidades que concuerden con la personalidad anhelada. Es decir, se sirve de un sustituto para mantener la tradición del, en palabras ridículas y actuales, destino que se les tiene preparado. Lo cumplen sin que eso plantee una traición al alma ligada real. ¿De acuerdo?>>


—¡Ja! ¿Con que estaban un poquito desesperadas sus versiones del uno y del cinco? ¿Eh?


<<¿Qué alma no lo estaría?>>


—Cierto... Al final, pura casualidad.


<<Sí, por lo tanto y ya para cerrar mi corta introducción y presentación del cuento, diré que no vale el esfuerzo detallar más la narración. Ya la conoces>>


  Me reí. Es la pereza en persona. 


—Como diga, su señoría. ¿Me diría el título?


  "La niña zombi" sería. 


                      .........................

  Mi signo del zodíaco es Piscis... Pero, ¿a quién rayos le importa? No es de mi interés ni tampoco el de las personas a mi alrededor. Ellos, simplemente, no necesitan saber del nombre de mi signo como para empezar a criticar. Tan sólo lo hacen. Suposición aquí, suposición allá y, en un par de segundos, construyen mi personalidad. Principalmente, sucede en base a lo ven. Todo el mundo me mira como si supieran quien soy. Como si creyeran que posando sus ojos sobre mí, lograrán conocerme, saber de mis deseos, anhelos y pecados.


  Y se quejan. Y se quejan. Y no piensan en otra cosa que no sea encontrarme defectos. Por cada paso que doy, retrocedo cincuenta al comenzar a creer en lo que me dicen. ¿Soy callado? ¿Soy débil? ¿Soy ridículo? ¿Lo soy? Ya no estoy seguro. Afirman que a los piscianos no les gusta sentirse confinados y no respetan las convenciones por las buenas. Pero que, aun así, no tienen la energía o la motivación para luchar contra el poder establecido. ¿Aquello me hace vulnerable? Deliran diciendo que nos retiramos hacia un mundo de sueños donde somos felices. ¿Acaso es verdad? ¿Soy tan predecible?

  En general, adjuntan características a mi ser que, sencillamente, no poseen ni una pizca de realidad. "Eres sumiso", me repiten a diario. "Siempre te dejas golpear", se quejan. "No tienes una vida propia", mascullan hasta el cansancio. Y la peor de todas, la dijo Ko Mun-yeong. "Hipócrita, vives lleno de odio y aún actúas como si no fuera así". Lo recuerdo muy bien, ese día en la firma de libros después de montar aquél espectáculo con mi hermano, vino a mí. Rogándome que fuera su método de relajación, dándome el derecho como si eso fuera algo que yo quisiera. Y, sinceramente, no. No tenía ganas de lidiar ni con ella ni con nadie.

  "Espero no volver a verte" le respondí. No obstante, no funcionó. Siguió insistiendo tal como me insistió mi madre para que cuidara a mi hermano mayor, tal como Sang-tae me insistió en que le comprara su libro de dinosaurios, tal como mi amigo me insistió en que no lo abandonara. Pues, al parecer, esa es la cualidad primordial que me atribuyen: Ser fiel a mis promesas. ¡Adelante! Pídanme lo que quieran. Total, no haré más que fingir una sonrisa y cumplir con su petición. Ya que, al fin y al cabo, mi vida no ha sido más que desgracias tras desgracias, donde no he tenido otra opción que quedarme callado, bajar la cabeza y obedecer.

  Sang-tae, mi hermano mayor, presenta síntomas de autismo desde que tengo memoria. Siendo un hombre consumado de unos treinta y cinco años, posee la mentalidad de un niño de cuatro, tartamudeando al hablar, leyendo libros infantiles, dibujando y desviviéndose por los dinosaurios. Mi madre, según sus propias palabras, me creó pura y exclusivamente para cuidar de él. Para protegerlo, darle un hogar, comida, cariño y, hasta de ser necesario, regalarle mi propia vida. Justo como ella hizo. Lo resguardó hasta que su último suspiro se vio apagado por la muerte misma. Es por eso, que él presencio el asesinato de nuestra progenitora. Lo contempló todo, cada detalle, y luego no fue capaz de contarlo más que diciendo que una enorme mariposa fue la culpable.

  Aparte de eso, no quiero hablar de mi padre. Su destino no fue muy diferente de aquél. Y el mío tampoco. Con el tiempo, me convertí en enfermero y he trabajado en dieciocho clínicas psiquiátricas. La idea de tratar con enfermos y pacientes violentos, no se me presentó como descabellada, pues siempre he cargado con dicho peso. Y como si no fuera suficiente, la razón por la que nos mudamos tan seguido y cambio de hospitales como de ropa interior, se debe a que huimos de la gran mariposa. Llegada la primavera, empiezan las pesadillas de mi hermano y nos vemos obligados a trasladarnos a otra ciudad, una en la que las mariposas no nos persigan.

  Es cierto, mi historial psicológico no es agradable de contar. Sin embargo, a nadie le interesa. Porque, como dije en un inicio, me critican por doquier. Cada característica o deseo que presento es una imperfección. Un error en la matriz, como algunos confirmarían. Quiera lo que quiera, o no quiera nada, está mal de igual manera. Así pues, ellos deciden que debo querer y que no, creando un nuevo carácter totalmente distinto al que originalmente poseo. Así me sucedió con Ko Mun-yeong. Me negué a ser su perro guardián y la enfurecí. Enloqueció por completo. Se obsesionó tanto conmigo que, sin importar cuanto declinara, yo sería suyo. Por tanto, fue a la clínica donde estoy e intentó apuñalar a uno de mis pacientes. La detuve. Más tarde, secuestró a otro y lo llevó a una muestra pública en las calles e hizo un escándalo. La seguí. Por último, contrató a mi hermano como ilustrador y lo llevó a vivir a su castillo. Lo acompañé. Inevitablemente, terminé atrapado en sus redes.

  Yo solo lo causé, solo yo. Por ser tan sensible a los sentimientos de los demás y responder con simpatía y tacto al sufrimiento de otros. Porque así dicen que son los piscianos. Tranquilos, pacientes, amables, muy queridos por los demás, de carácter afable, cariñoso y no suponen una amenaza para los que quieren tener puestos de autoridad o mayor popularidad. Eso dicen. Tal vez sea una tontería y mis virtudes sean en realidad defectos. O tal vez, esas características tan criticables en mí sean más que una casualidad con el signo que me define. Como sea que fuere, no pude seguirme negando a su pedido una vez que hube conocido su pasado y la tragedia que la atormentaba.

  Famosa escritora de cuentos infantiles, Ko Mun-yeong, es cruel, grosera y descarada. Aunque también fue víctima del robo de su vida. Con padres conflictivos y algo más que simples apariciones fantasmales, sobrevive a una existencia marcada por su niñez. Un joven apunto de ahogarse, una madre tétrica, un padre homicida y una pradera de flores son algunas de las púas que desarrollaron su carácter. Lo supe al verla. Lo supe al leer sus historias. Lo supe al reencontrarla luego de tanto tiempo. Ella era una niña zombi, refugiada de la sociedad, que se disputaba entre saciar su hambre o recibir calidez. Ella era el niño zombi de su cuento, que relata lo siguiente:

"...Había una vez un bebé nacido en un pueblo. Estaba pálido y tenía los ojos hundidos, y las espinas se erizaban sobre él. La madre pronto se dio cuenta de que su bebé no era humano, sino un niño zombie que no tenía adecto ni emoción, solo un deseo de comer. Temiendo lo peor y necesitando protegerlo de los otros aldeanos, lo escondió en su sótano. Ella le traería comida robada de otras granjas, como un pollo o un cerdo.

Un día, hubo una enfermedad y una hambruna en el pueblo. Todos los que vivían se fueron apresuradamente, mientras que la madre se quedó al darse cuenta de que no podía soportar dejar a su hijo. Lentamente, los suministros se agotaron y ella se cortó la pierna y luego el brazo para alimentar a su hijo.

En el último momento, cuando solo le quedaba el torso, se arrastró hacia su hijo y lo abrazó, dejándolo devorarla por completo. El niño zombi finalmente habló por primera vez en su vida, para decir: 'Entonces mamá es bastante cálida después de todo..."

  Eso era. Calidez. Ella buscada la calidez de alguien y pretendía hallarla en mí. Por eso todo el circo y la locura que montó. Para recuperar una emoción que nunca tuvo. Cariño. Frente a eso, mi reacción fue más emocional que racional, más instintiva más que intelectual. Me preocupé más por sus problemas que por los míos, asumí su entorno y sus circunstancias y, a pesar de que no tomé la iniciativa para resolverlos, la comprendí.

  Cariño y apoyo. Calidez. Era lo que yo también precisaba, pues tampoco tuve a nadie que me lo brindara. Mi madre siempre me dejó en segundo lugar, mi hermano (aunque es bueno) vive perdido en su mundo, la chica que alguna vez me gustó, me rechazó. Nadie jamás me hizo experimentar tantas sensaciones placenteras como para querer abandonar mi contención, mis invisibles barreras. Nadie con quien quisiera darlo todo, con quien querer asentarme y dejar de huir. Y ella, de algún modo, lo consiguió.

  ¿Fue a causa de su sentido de diversión? ¿Sus agrias palabras? ¿Su detestable sinceridad? ¿Sus ganas de asesinar a cuanta persona se cruce en su camino? ¿Sus bellos y nostálgicos ojos? ¿El pasado que compartimos? No lo sé. Aún lo estoy descifrando. Solamente estoy seguro de una cosa: Que no deseo, en lo más mínimo, alejarme de ella. Anhelo su interés en mí, su afán por conservarme, su destrozado corazón sanando junto con el mío.

  A pesar de las críticas suyas, de mi amable debilidad por los enfermos y de los malos tragos que tuvimos en un comienzo, ahora disfruto de pasar tiempo a su lado. Defenderla cuando lo necesita y atenderla cuando lo requiere. Debido a que aquella niña ya creció, y no puede ser seguir siendo un zombie. Ya no. Porque ha conseguido a quien le regale calidez. Ha encontrado a alguien con quien madurar, seguir creciendo y borrando los malos recuerdos. Y esa persona soy yo.

                       .........................

—Sin dudas, lo sigo repitiendo. Pobrecito Gang-tae...

<<Su nombre no es ese>>

—Bueno, es lo mismo. No sabremos su verdadera identidad, pero podemos asumir que representa a la misma persona. ¿O no?

<<Sí>>

—¿Entonces? ¿Para qué molestas? —Puse cara de indignación— En fin, como iba diciendo, pobrecito ese chico. Sea un universo u otro, una vida u otra, siempre se la pasa igual. Sufriendo en silencio y ayudando a los demás en agonía. Su vida era la mismísima mierda, aunque eso no importaba. De todos modos, tenía que salvar a quienes eran mejor que él. ¡Qué injusticia, loco!

<<Cada quien debe hacer lo que debe hacer>>

—¿Así nomás? ¿Sin discusión? ¿Sin decepción por el final que siempre le toca pasar?

<<Sí>>

—Vaya, ¡qué seco! Ni una sola reflexión o queja. Increíble. Eso te pasa por no ser de piscis porque yo, al ser pisciana, entiendo la porquería que vive con sus emociones, la debilidad frente a los pedidos ajenos y la necesidad de ser una cobija calentita para los desamparados. Posta, es odioso. Pero es incambiable. ¿Y lo peor? Somos ositos cariñositos aún cuando nos tiran basura los de los horóscopos o nos critican los de nuestro alrededor. O sea, el chico fue hostigado una vida completa y lo siguió siendo bajo la mano severa de Ko Mun-yeong. Después, eso que él se enamorara y se amigaran, bueno, eso vino de decoración. Pero ¡por favor!

<<¿No habías dicho que tú también habías pasado por la misma situación? Consecuentemente, ¿por qué cuestionas sus decisiones si realizaste unas parecidas, por no decir iguales, en su momento? En otras palabras, continúas acrecentando el torrente de críticas que dices que recibe a diario. ¿Estoy en lo correcto?>> 

  ¿Para qué rayos abro la boca?

—Como siempre. En lo correcto. En fin... —Comencé a mirar a mi alrededor buscando el sol. Ojalá ya hubiera amanecido, así no tendría que soportar cuatro relatos más con él— Siento que ya no tengo nada más que aportar, sin ser contrariada claramente, salvo por el detalle de la niña zombi y la falta de calidez que tenía. Me parece que al día de hoy, con la explosión de confesiones íntimas en las redes sociales y la depresión generalizada que existe, todos andamos faltos de cariño. Daddy issues, mommy issues, friends issues, lo que venga. Todos esperamos ser Ko Mun-yeong y hallar a nuestro salvador que reponga toda la calidez que nos fue arrebatada.  

<<Es verdad. Sin embargo, aquello puede además reflexionarse como impulsos voraces de hambre por obtener bocados más grandes de los que tuvieron. Un hambre superior que nace de la comparación con el resto de las personas y del deseo de tener un monto semejante de calidez al que otros poseen. No es que no hayan recibido calidez, por supuesto que lo hicieron. No obstante, en la costumbre de pedir por más, terminan exigiendo cantidades inhumanas>>

—Eh, no está tan mal ese razonamiento. —Genuinamente impresionada— Tendrías que salir dando una conferencia de prensa en televisión con el objetivo de desbaratar a las redes. Imagínate la respuesta que recibirías... 

<<Agradable, opino>>

—Uff, seguramente. 



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Inspirado en la serie de Netflix It's Okay to Not Be Okay, fragmento extraído del Niño zombi.


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